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Título: UNA PECADORA IMPENITENTE
Autor: Carlos Etxeba
Género: Monólogo
Número de actos: 1
Estrenado: No
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(Se presenta ante el público una feligresa joven con mantilla, rosario y libro de misa. Se arrodilla en un reclinatorio durante unos instantes, para prepararse a la confesión y se levanta. Se santigua para confesarse delante del público, como si éste fuera su confesor)
FELIGRESA - ¡Ave María Purísima! ... Padre Francisco, óigame en confesión ¡He vuelto a pecar, querido padre.! ¡No me confesé bien la última vez, la verdad es que no le dije lo principal, el nombre del hombre por el que sueño de día y de noche... y me remuerde la conciencia! ¡Sí, ya sé que no quiere Ud. que le diga el nombre, ni las señas donde vive, ni si está casado con otra mujer, pero se lo tengo que decir!
¡Siento una imperiosa necesidad de que todo el mundo sepa que estoy enamorada de un hombre que no puede ser del todo mío, porque quizás sea ya de otra mujer! ¡Sin embargo él me quiere a mí! Me imagino que me lo dice muchas veces, cuando me mira, cuando estamos en la cama, desnudos, abrazados, entonces es cuando le saco las grandes confidencias.
Entonces le pregunto en mi imaginación: " Dime que me quieres mucho". Y, como si fuera realidad, él me responde mecánicamente, jadeante, como un tonto: "Te quiero mucho" Yo le vuelvo a preguntar en mi imaginación muchas veces, para sonsacarle, si realmente me ama. Le pregunto: "Dime, ¿te volverías loco de tristeza, si te abandono?" Y él me vuelve a responder, como si fuera realidad, muchas veces mecánicamente como un tonto: "Me volvería loco de tristeza. Deja que te haga el amor con frecuencia, tontuela."
¡Sí! Ya sé, querido padre Francisco, que no le gustan mis imaginaciones ni mis amoríos con los hombres. Pero yo creo que esta vez va en serio y puede ser una cosa definitiva., aunque tenga que dejar el trabajo. Yo le he confesado muchas veces toda mi vida de pe a pa y sabe que el dueño del club me da mucho dinero para comprarme joyas, ropa y zapatos. No he querido ocultarle nada en mis confesiones, aunque veo la cara que pone y que no le gusta que le detalle tanto las cosas.
Le he ocultado deliberadamente muchas veces los regalos que me hacen otros hombres, cuando estoy con ellos en el club. ¡Qué culpa tengo yo, si soy la más guapa de todas y la más simpática y tengo unos pechos de película! Además, susurro canciones apasionadas, donde siempre las mujeres son las que llevan la peor parte y por eso la voz se me está quedando un poco ronca, a cuenta del whisky que tengo que beber para alternar con los clientes. Se quedan con la boca abierta, cuando en el escenario me desnudo íntegramente y hago unos striptease maravillosos, muy sensuales. ¡Por favor, padre, no me ponga esa cara! Ya le he dicho que si no se lo digo todo, me sentiría muy mal. ¡Por favor, quiero que me escuche con mucha atención!
Una vez un caballero, muy guapo que olía muy bien y que debía ser un gran político, me dio ciento sesenta mil pesetas, simplemente por ser amable y dejar que me acariciara en la cama, sin hacer yo nada a cambio, porque con los otros clientes del club tengo que sudar la gota gorda, cuando me agitan contra el colchón para arriba y para abajo y sudan con un olor repelente de potros salvajes.
Ya le he explicado muchas veces, querido confesor mío, que no he elegido esta vida por vicio, sino por necesidad. Vine a Madrid a ganarme la vida para mi y para mi familia hace cinco años. Todos los trabajos que encontraba estaban muy mal pagados y decidí hacer lo que suelen hacer muchas mujeres que como yo atraemos a los hombres.
Al principio era un poco ingenua, porque, cuando los hombres me decían que estaban empalmados, yo creía que querían decir que tenían una cogorza.
Empecé dejándome las bragas en las consultas de los dentistas. Ellos decían que querían explorarme, porque habían oído que estaba muy bien.
Lo oculté todo a mi familia y empecé a mandarles dinero. Les he comprado un pisito en Cornalejo del Espinar y están todos contentos. Se creen que soy encargada de relaciones públicas de una Empresa de Tráfico de Productos Cárnicos con sucursales en todos los puertos importantes del mundo y lo ven todo muy natural. Me ven manejar mucho dinero y piensan que mis conocimientos de idiomas han hecho el milagro económico, porque hablo seis idiomas distintos, aunque no sepa escribirlos.
Por ejemplo, en portugués, un idioma muy romántico, condón se dice "chubasqueiro do pito". En japonés ginecólogo se dice "yosikojo chuchita" y mujer desvirgada "tarroto tuoyito"
Sé exclamaciones de uso corriente entre los marineros filandeses y suecos, cuando están bebidos que harían las delicias de los estudiosos de la Real Academia Finlandesa y de la Real Academia Sueca en sus respectivos idiomas por las rarezas de mis descubrimientos.
En realidad todos los idiomas que sé los he aprendido en la cama, que es el mejor maestro que existe para asimilar bien todos los sentidos ocultos de las palabras más enrevesadas.
Sobre todo las interjeciones raras, esas exclamaciones que se suelen hacer en la cama y que son muy difíciles de traducir, porque tienen cincuenta mil sentidos diferentes y los libros pasan de ellas olímpicamente. Hubo un traductor que me pidió consejo para traducir del chino la exclamación "¡ Ji! ".
Yo le expliqué que esa exclamación en la cama, si la hace un español del norte, del sur, del oeste o del este, lo más seguro que sea una abreviatura de "jilipollas", pero que si la hace un sueco del norte lo más seguro es que se deba traducir por "jicarazo", es decir, que te voy a pegar con una jícara en la cabeza.
Sin embargo, si la pronunciara un auténtico chino cerrado, de esos que tienen un restaurante por todos los sitios, entonces el significado sería completamente distinto, como me ha pasado a mi.
Un vez un chino del suroeste tenía que pagarme un trabajo y dijo tres veces seguidas "¡jijíji!" cerrando muchos los ojitos y uniendo las cejas con los labios de la cara, de una forma inverosimil. Además lo dijo con una entonación en el "jijíji" muy rara.
Yo le expliqué al traductor del chino que aquella exclamación al principio podía significar algo así como: "qué felicidad, qué bien has hecho el trabajo, estoy contentísimo", pero luego al ver su reacción pensé que aquellos tres "jijíji" lo que querían significar era "zorra", y luego al ver que no sacaba del bolsillo el dinero, pensé que lo que querían significar era "ahora me largo con viento fresco".
Salí corriendo detrás de él, pero corría mucho más que yo y lo perdí de vista en un momento.
La verdad es que mis expresiones siempre han sido las de una mujer culta y delicada. No como la Juanita que, al preguntarle cómo se ponía Heráclito, me respondió que Heráclito se ponía de pié contra los barrotes de la cama o como la Felisa quien decía que el pato tenía siempre muchas dificultades para reproducirse, porque jodía con una pata.
Mi apariencia también ha sido siempre como una verdadera señorita, no como la Pepa a quien llamaban la ambulancia, porque tragaba todo por atrás, o como mi amiga la Canela, a quien llamaban la canela molida por las palizas que le pegaba su novio.
Yo estoy dispuesta a dejar la vida que llevo, querido Padre Francisco, si es que el hombre a quien adoro, me diese alguna esperanza, alguna señal de que podría amarme a pesar de todo lo que le he explicado. ¡Por favor, padre mío, esto es muy importante para mí! Escúcheme, escúcheme por favor.
¡Le voy a ser clara, Padre Francisco! No como mi amiga Lucrecia la que le dijo a su marido que había tenido un accidente con un camión y en realidad lo que le había pasado por encima era el conductor.
¡Querido padre mío, no me ponga esa cara de descontento! ¡Se lo he tenido que decir todo! Ya le he dicho que tengo una necesidad imperiosa de decírselo. Yo no sé por qué, pero me moriría, si no se lo explico de pe a pa a Ud. querido padre mío!
Si por dinero fuera, no tendría que preocuparse Ud. Estoy dispuesta a darle todo el dinero a Ud., querido padre Francisco, queridísimo Francisco, amantísimo Francisco, amado mío.
¡Ya no lo puedo ocultar más, si no reviento! ¿No se ha dado cuenta todavía de que es Ud. a quien me refería al principio?
Hace tiempo que me tiene Ud. loca de amor, queridísimo y amantísimo Francisco. Sus manos tan velludas y varoniles con las que me da la absolución, su voz tan paternal y delicada, sus ojos azules de seminarista pálido, esa sotana que le sienta tan bien con sus anchos hombros y esa musculatura tan fuerte que deja entrever... me han enamorado de tal forma que solo aspiro a verle en mi cama, completamente desnudo, diciéndome que me ama, cuando estando sudoroso haciéndome el amor, yo le pregunte con mucho morbo: "¿Francisco, me quiere Ud. con locura? "
Entonces Ud. me diría con una voz sofocada y jadeante: "Te amo con locura, por ti dejo hasta la sotana..." Yo le prometo que nadie se enterará. ¡Seré solamente suya! ¡Lo dejaré todo por Ud.! ¡Ud. podrá cambiarme en una auténtica católica, apostólica y española!
Pero qué haces... ¿Qué haces? ¿A dónde huyes, corriendo? ¿ A donde vas? ¡Si todavía no me has dado la absolución...! ¡Padre, ven por favor! ¡Francisco, Francisco, amado mío, ven, no huyas, por favor...! ¡No corras...! ¡Yo te seguiré a donde quiera que vayas...! ¡No corras por favor!
(La penitente sale por un lateral corriendo detrás del Padre confesor)
F I N