Personajes
SEÑORA ROA
IBERIO
Sugerencia escenográfica
Espacio amplio despojado. Escenario, laterales y techo, cubierto con telas color natural. No se distinguen ángulos. No existen referencias.
IBERIO.-
Ante todo quiero que sepa que yo soy un hombre malo. Odioso, cruel, ingrato. Sobre todo
ingrato. Un ser notablemente desagradecido. Muchas personas insisten en justificar mi
espantoso comportamiento atribuyéndolo a diferentes circunstancias de mi vida. Pero yo le
aseguro que se equivocan. ¡Siempre fui así! Nada tienen que ver en esto las
circunstancias, ni mi educación, ni el entorno social donde crecí. ¡Definitivamente no!
Es indudable que está en mi naturaleza. Yo diría que soy dueño de un carácter tan
ácido y repugnante, que cualquier persona o cosa que se me acerque, padecerá sin remedio
un eterno estado de putrefacción. ¡Y no estoy exagerando! Sepa usted que la venganza es
mi sentimiento más noble. Yo sólo actúo por interés. Soy adicto a la competencia,
desleal por supuesto. Y como la traición es mi mejor aliada, siempre me las arreglo para
atacar por la espalda y destruir sin piedad a mi oponente. Y quiero que entienda bien
esto: a todos, a todos sin excepción los considero enemigos. Por eso, he decidido dedicar
mi vida entera a promover el malestar general. Y fíjese qué curioso, no sólo no me
arrepiento de tal decisión, sino que la considero mi mayor triunfo. Es más, si usted es
buena observadora, se habrá dado cuenta de que está frente a una persona orgullosa de su
capacidad destructiva. ¡Je, je!
...¿Y?
ROA.-
¿Y, qué?
IBERIO.-
¿No dice nada?
ROA.-
¿Qué quiere que diga?
IBERIO.-
No sé... algo. Alguna devolución, supongo.
ROA.-
¿Alguna devolución?
IBERIO.-
Sí. ¿Qué le parece? ¿Qué opina?
ROA.-
Mmmm... Bastante bien.
IBERIO.-
¿Nada más que bastante bien?
ROA.-
¿Y qué esperaba que le dijera?
IBERIO.-
No, no. Nada en especial, por supuesto. Pero me pareció que... que... Bueno, como estuve
meses perfeccionándolo, yo creí que... me... me pareció que estaba... bien. ¡No digo
excelente! pero, sin falsa modestia, creo que hasta un muy bien es absolutamente lícito.
¡Creo!... ¿No le parece?
ROA.-
No.
IBERIO.-
¿No?... ¿Y un bien a secas?
ROA.-
No. Un "bastante bien" es suficiente. Incluso, si consideramos algunos detalles,
puede resultar un calificativo generoso.
IBERIO.-
¿Detalles? ¡¿Qué detalles?!... Quiero decir, ¿son muchos los detalles?
ROA.-
De todas maneras no se desanime. Hay que seguir trabajando con humildad. El único secreto
es insistir. Siempre insistir. Todos los finales suelen ser difíciles.
IBERIO.-
¡Je! Perdón... se equivocó. Querrá decir "todos los comienzos".
ROA.-
No. Empezó bastante bien. Pero a medida que fue avanzando perdió el rumbo y terminó
diluyendo lo anterior. Sobretodo acercándose al final.
IBERIO.-
¡Ah, perdón! ¿Usted se refería a lo que dije?
ROA.-
¿No me pidió una devolución?
IBERIO.-
Sí, claro. ¡Qué tonto! Discúlpeme. Tengo que estar más atento. No me di cuenta. Yo
pensaba que... que... pensaba que... No sé qué pensaba, pero... ¡Qué estúpido!
¡Estúpido! ¡Estúpido!
ROA.-
...En primer lugar, enunciar que usted considera a todos como enemigos, predispone mal a
cualquiera que lo escuche.
IBERIO.-
¡Y bueno! ¡Bueno! ¡Justamente! Si quiero promover el malestar general, entonces voy por
buen camino. ¿O no?
ROA.-
Lo que quiero decir es que si advierte de antemano cuáles son sus intenciones, jamás va
a provocar nada. ¿Entiende?
IBERIO.-
...Perdón. La verdad, no... no termino de entender.
ROA.-
Lógico. ¿Cómo va a terminar algo que todavía no empezó? Mire, tiene que entender que
no se trata de enunciar o describir, y menos aún advertir. Si yo le digo a usted que es
mi enemigo, difícilmente pueda lograr algo.
IBERIO.-
¿Por qué?
ROA.-
¡Cómo por qué! ¡¡Cómo por qué!! ¡¿Y el factor sorpresa?!
IBERIO.-
Ah, ah, ah. Perdón. Es cierto. No había pensado en eso.
ROA.-
¡Y lo reconoce con total impunidad!
IBERIO.-
Perdón...
ROA.-
Es increíble que no haya pensado en lo más obvio y ni siquiera se ruborice. ¡Si usted
pretende asociarse a la gran provocación, no puede permitirse preguntas tan elementales
amparándose en que no había pensado en eso!
IBERIO.-
Tiene razón. Discúlpeme.
ROA.-
¡Hay momentos en que es necesario pensar! ¡En realidad, siempre es necesario pensar!
¡¿Estamos para pensar o no estamos para pensar?!
IBERIO.-
Sí, estamos.
ROA.-
¡Entonces pensemos!
IBERIO.-
¡Sí, pensemos!
ROA.-
Bastantes problemas tengo con mis limitaciones reflexivas, como para que usted venga a
sumar estupidez a mi propia estupidez.
IBERIO.-
Perdón. No... no lo hice adrede.
ROA.-
¡¿Qué pretende?! ¡¿Que yo siga sin hacer nada?!
IBERIO.-
No, por favor. No.
ROA.-
¡¿Que siga por la vida con ese estúpido aire despreocupado que me caracteriza?!
IBERIO.-
¡No!...
ROA.-
¡¿Que ande por ahí como un angelito distraído mirando todo con gesto bonachón,
mientras el mundo se cae a pedazos a mi alrededor?!
IBERIO.-
¡No!
ROA.-
¡Claro! ¡Yo me esfuerzo por no recitar esas frases saturadas de resignación, y usted
quiere agregar más leña al fuego!
IBERIO.-
¡Nooo!
ROA.-
¡Sí! ¡Usted quiere echarme a perder!
IBERIO.-
¡No! ¡No!
ROA.-
¡¡Sí, sí!! ¡¡Esa es su intención!!
IBERIO.-
¡No! ¡Le aseguro que no!
ROA.-
¡Mientras yo intento desesperadamente involucrarme, usted quiere verme correr como un
avestruz que van a convertir en plumero!
IBERIO.-
¡Nooo! ¡No es verdad! ¡No es así!
ROA.-
¡¡Sííí!! ¡¡Le gustaría verme convertida en plumero!! ¡¡Verme morder el polvo
todos los días! ¡Pero yo le aseguro que eso nunca va a ocurrir! ¡Y en todo caso, en
lugar de morder el polvo, me voy a dedicar a sacudirlo! ¡Créame que va a ser así,
cueste lo que cueste!
IBERIO.-
Le creo. ¡Juro que le creo!
ROA.-
...¿Sabe lo que voy a hacer ahora? ¿Sabe qué voy a hacer?
IBERIO.-
¡¿Qué va a hacer?!
ROA.-
¡Conste que usted me impulsó a esto, eh!
IBERIO.-
¡¿Yo?!
ROA.-
¡Sí, usted es el responsable! ¡Así que hágase cargo de las consecuencias!
IBERIO.-
¡No me asuste, por favor! ¡¿Qué piensa hacer?!
ROA.-
Quédese allí y observe.
IBERIO.-
¡No haga una locura! ¡Cálmese! Le prometo que antes de abrir la boca, de ahora en más,
voy a pensar.
ROA.-
¡Quédese quieto!
IBERIO.-
Estoy para pensar... ¡Mire, mire! ¡Ya estoy pensando! ¡Mire!...
ROA.-
¡¡Deje de seguirme y quédese parado ahí!!
IBERIO.-
Sí, sí. Perdón. Me quedo acá. Pero, señora Roa... no lo haga, por favor.
ROA.-
¡Cállese y no se mueva! ¡No se atreva a dar ni un paso más, eh!... ¡Ahora va a ver!
(Se dirige al otro extremo del escenario y mira unos segundos a Iberio)
...¡Y bue! ¡Qué se le va a hacer! ¡Es así! Después de todo yo no puedo hacer nada.
IBERIO.-
No...
ROA.-
Yo sola no voy a cambiar nada.
IBERIO.-
¡No!...
ROA.-
Somos así y hay que aceptarlo. Hay que tomar las cosas como vienen.
IBERIO.-
¡Nooo! ¡Basta!
ROA.-
¡La vida es así!
IBERIO.-
¡Ya es suficiente!
ROA.-
Y, sí. Hay que adaptarse.
IBERIO.-
¡Uummm!
ROA.-
Después de todo, no vale la pena preocuparse tanto. ¿Para qué? Si igual nos vamos a
morir.
IBERIO.-
(Tapándose los oídos) ¡La la, la la la!...
ROA.-
Además, a la gente no le importa nada. ¡Así que!... Si todos lo ahcen, ¿por qué no lo
voy a hacer yo?
IBERIO.-
No soporto más. ¡Basta! ¡Se lo ruego! ¡Se lo suplico! ¡Se lo imploro! No sé qué
hacer para que se detenga. Pídame lo que quiera y yo lo hago. Pero no siga, por favor.
ROA.-
¿Acaso no era esto lo que deseaba?
IBERIO.-
No. Créame que no. Si no, ¿para qué trabajé tantos meses? Lo único que deseo es que
me acepte como su discípulo.
ROA.-
No busco discípulos.
IBERIO.-
Bueno, aprendiz, acompañante, grumete. No sé... Lo que usted necesite. No me deje
afuera. Yo también queiro hacer algo para no seguir así.
ROA.-
Mmmm... ¿Seguro?
IBERIO.-
¡Segurísimo! Estoy dispuesto a todo con tal de participar en la provocación.
ROA.-
"La gran" provocación.
IBERIO.-
¡La gran provocación! ¡La gran, la gran!... La-gran. La-gran. La... gran. ¡Ya está!
¡No me equivoco más!
ROA.-
...Espero no equivocarme yo, si lo acepto.
IBERIO.-
¡¿Entonces me acepta?!
ROA.-
Todavía no dije que sí. Tengo que pensarlo.
IBERIO.-
Está bien. Piénselo tranquila... Si estamos para pensar, tiene derecho a hacerlo.
Tómese su tiempo... Yo no... no quiero empujarla a... eeehh... Usted decide lo...
ROA.-
Mmmm... Con una condición.
IBERIO.-
¡La que quiera! ¡Lo que usted diga!
ROA.-
Una vez que empecemos, pase lo que pase, no... no me deje sola.
IBERIO.-
...No. Pase lo que pase voy a estar con usted. Hasta el final. ¡Lo prometo!
ROA.-
Mmmm... Trato hecho.
IBERIO.-
¿Cómo dijo?
ROA.-
Trato hecho. Vamos.
IBERIO.-
¡¿Acepta?!
ROA.-
Sí. Vamos.
IBERIO.-
¡¿A mí me acepta para la gran provocación?!
ROA.-
¡Sííí! ¡Vamos! ¡Basta de perder tiempo!
IBERIO.-
Entonces, ¡¿trato hecho?!
ROA.-
¡¡Trato hecho!! ¡¡Sí, trato hecho!! ¡¡Trato hecho!! ¡¡Acepto!! ¡¡Vamos de una
vez, que hay mucho por hacer!!
IBERIO.-
Sí, perdón. Vamos... ¡¡Trato hecho!! (Apagón)
(Se escucha un vals. Entra Iberio bebiendo y tambaleándose al ritmo de la música. Cae y se levanta varias veces. Se detiene la música)
IBERIO.-
(Tratando de incorporarse) ¡Cuánta fragilidad!... ¡Qué insensatez eso de ser
hombres así! Pensar que mientras alrededor todo tambalea a punto de estallar como el
cristal, nosotros nos ocupamos nada más que de resistir. El único impulso es resistir
cualquier aberración sin inmutarnos. La consigna no es decididamente explícita, pero la
seguimos a rajatabla. "Aquel que logra soportar las crueldades más sofisticadas sin
alterar su ritmo cardíaco, se convierte en una persona íntegra. Cabal. Digna de ser
admirada". ¡Deliciosa virtud!, ¿no?... ¡¿A quién se le ocurrió eso de que el
dolor y el sufrimiento templan el carácter?! ¡Je!... Será por eso que nos parece
estúpidamente divertido maltratar a los demás y a nosotros mismos. Como un juego
inocente que no es importante comprender. ¡Total! Siempre vuelve a recomponerse todo.
Bueno. Eso es lo que creemos... ¡Y yo me siento tan frágil! (Cae) Cuando tomo
conciencia de semejante disparate, no sé qué hacer. No sé... ¡Me arrancaría los
ojos!... ¡Sííí! ¡Es una buena idea! ¡Me los arranco! (Hace el intento)
¡Aaay!... ¡Ay!... ¡¿Qué pasa?!... ¡¿Por qué no puedo?!... ¡Ay!... ¡Vamos, dedos
perezosos! ¡Ustedes saben que me lo merezco! ¡Soy culpable! ¡Me avala toda una vida
judeocristiana!... ¡Vamos! ¡No seré un rey incestuoso pero hice lo mío! ¡Tengo
derecho a expiar mis culpas como corresponde!... ¡Ay! (Desiste) ¡Qué
desastre!... ¡Ni siquiera puedo inmolarme!... ¡Bueno! No importa. Igual, arrancarme
solamente un par de 'os, no serviría ni como parodia de redención. Además, ya bastante
ciego ando por la vida. ¡Así que! (Tratando de incorporarse) ...¡Maldición!
Siento chorrear de la cabeza a los pies un sopor pegajoso que me imanta a la tierra. El
horror se me adhiere con una fuerza irresistible que me calcifica. Me sacudo. Me retuerzo
para despegarme esta salvaje inercia, pero no puedo. No logro hacer nada... Desde hace
años me despierto con la misma propuesta. "Hoy voy a hacer algo con esto". Pero
una vocecita que navega en mi cerebro acuoso murmura burlona: ¡ña, ña! ¡Qué vas a
hacer vos, si estás perdido!... ¡Y tiene razón! ¡Tiene razón, estoy perdido! Me
siento tan perdido... Tan lejos de lo que tengo que hacer. Tan atado a esa detestable
confusión general. No sé si estoy al derecho o al revés. En realidad, no sé si estoy
en algún lado... ¡Mi imagen me perturba! Me miro... y veo mis huesos. Donde mire veo
osamentas animadas... Levemente animadas. ¡Tanto horror adormece! ¡Es absurdo! ¡No
tiene sentido todo tan frágil! ¡Y yo por ahí... creyéndome no sé qué!...
¡¡Eeehhh!! ¡¡Tengo una pregunta, hombres razonables!! ¡¿Qué nos creemos que somos?!
¡A ver! ¡¿Qué es lo que nos creemos?!... ¡Nooo! ¡Estamos equivocados! No somos
personas tratando de ser felices. No. Somos patitos mojados jugando a estrellarse contra
las paredes. Y a nadie le importa qué siniestro deseo lúdico nos impulsa. Ni siquiera
por curiosidad. Sólo nos interesa una cosa. Una única cosa: "jugar"... ¡Y
jugamos!
ROA.-
(En off) ¡Ibeeeriooo!
IBERIO.-
(Suena el mismo vals. Se tambalea) ...¡Cuac! ¡Cuac, cuac!
ROA.-
(En off) ¡¡Ibeeeriooo!!
IBERIO.-
¡¿Quééé?!
ROA.-
(En off) ¡¡¿Dónde estááá, Iberiooo?!!
IBERIO.-
¡Acááá, señora Roa! ¡Me parece que acá estoooy!
ROA.-
(Entra bebiendo y tambaleándose al ritmo de la música. Lleva una alforja con
botellas. Iberio va a su encuentro. Caen y se levantan ídem comienzo. En el momento en
que se encuentran, caen y corta la música)
... Hace una hora que lo busco. ¡¿Dónde se había metido?!
IBERIO.-
¡Me perdí!
ROA.-
¡¿Se perdió?!
IBERIO.-
Sí. Me extravié. Me perdí.
ROA.-
¡No entiendo cómo pudo perderse, si la que se había ido era yo!
IBERIO.-
(Incorporándose) No sé. Se ve que me dejé llevar por los movimientos de la
tierra, y me perdí... ¿Qué le pasa?
ROA.-
Hablando de perder...
IBERIO.-
¿Qué?
ROA.-
(Buscando en la alforja) ¡Espere! No me distraiga que se me pierde... Pero...
¡¿Dónde está?!
IBERIO.-
¡Acá!
ROA.-
...¡¿Dónde?!
IBERIO.-
¡Acá estoy! ¡Delante suyo! ¡¿No me ve?!... ¿O sigo perdido?
ROA.-
¡Yo pregunto dónde está el libro de anotaciones reflexivas!
IBERIO.-
¡Aaahh! ¡El libro!
ROA.-
Necesito anotar algo urgente... ¡¿Dónde lo dejé?!... ¡Será posible!... ¿No lo
tenía usted?
IBERIO.-
...Sí.
ROA.-
¡Ay, qué susto!... Démelo rápido que se me escapa la idea. ¡Rápido! ¡Vamos!
¡¿Qué espera?!
IBERIO.-
Eeehh...
ROA.-
¿Qué?
IBERIO.-
Eeehh...
ROA.-
¡¿Lo perdió?!
IBERIO.-
Me parece que sí.
ROA.-
¡¿Le parece o lo perdió?!
IBERIO.-
Lo perdí. Discúlpeme.
ROA.-
¡Y lo dice como si nada! ¡¿Se da cuenta de la dimensión del desastre?! ¡Primero se
pierde usted! ¡Después pierde las reflexiones! ¡Pero cómo puede acumular tanto
descuido una sola persona!... ¡Tres días de trabajo! ¡Teníamos los estudios de tres
días completos y su nefasta imprudencia los arruinó!
IBERIO.-
Es cierto. No tengo perdón. (Amaga arrancarse los ojos)
ROA.-
...Pero, ¡¿Qué estuvo haciendo mientras yo fui a buscar más bebida?!
IBERIO.-
Nada... Jugando al patito.
ROA.-
¡¿Jugando?! ¡No lo puedo creer!... ¡¿Usted piensa que esto es un juego?!
IBERIO.-
¡No, por favor! ¡No! ¡Es una manera de decir!
ROA.-
De decir ¡¿qué?!
IBERIO.-
Que... que... eeehhh...
ROA.-
...Me gustaría aclarar una duda. ¡Explíqueme algo, por favor! ¿Usted qué cree que
estamos haciendo?
IBERIO.-
Parece que por el momento, ahogando las penas.
ROA.-
¡No! ¡No! ¡Error! ¡No estamos ahogando las penas!
IBERIO.-
¡¿No me diga que es su cumpleaños?!
ROA.-
¡Nooo! ¡Tampoco!
IBERIO.-
¿Y entonces para qué tomamos desde hace tres días?
ROA.-
¡No lo sabía! ¡No lo sabía!... ¡¿Y recién ahora se le ocurre preguntar para qué?!
IBERIO.-
Bueno. Se me pasó ese detalle. Como en general uno se emborracha por despecho o para
festejar algo...
ROA.-
¡En este caso no! ¡Es parte de la estrategia para la gran provocación!
IBERIO.-
¡Ah! ¡¿Tenemos una estrategia?!... Disculpe. Soy un tonto. Hoy estoy particularmente
confundido... Perdido. Me... me puede recordar de qué se trata la... la... ¡A grandes
rasgos nada más! Porque el... el concepto general lo tengo claro. Pero... eehh... el
detalle... mmm... ¿Cuál es la estrategia?
ROA.-
...El primer paso, es entender por qué el ser humano es como es. El segundo paso, es
entrenarse. Estar bien preparados para cuando llegue el momento. Y el tercero y último,
es la acción certera. Directa y efectiva. ¡¿Está claro ahora?! ¡¿Está bien claro?!
IBERIO.-
¡Clarísimo!... ¿Y en cuál de los tres pasos estarnos?
ROA.-
¡Es obvio que en el primero!
IBERIO.-
¡Por supuesto! ¡Qué pregunta estúpida! ¡Lógico! Primero lo primero... Entender por
qué el ser humano es como es (Pensando) Interesante... ¿Por qué puede ser?... Mmm...
No. Puede ser por pooor... ¿No le parece conveniente esperar hasta mañana?
ROA.-
¿Para qué?
IBERIO.-
Para recuperar cierta sobriedad y dar un primer paso más firme. Así podríamos
profundizar mejor en el tema.
ROA.-
¡De eso se trata! ¡Estamos profundizando! ¡Estamos ahondando en el comportamiento del
hombre! Buscando el acceso a su estado natural. A su raíz más primaria. Intrínseca. A
la esencia misma que moviliza su alma. "La beodez absoluta". ¡Necesitamos tomar
el toro por las astas si pretendemos salvar a la humanidad!... ¡Pero parece que usted
prefiere jugar, perderse, y extraviar las revelaciones de tres días! ¡Es increíble!...
Para colmo, no sé cuánto tiempo más voy a tolerar esto... Soy abstemia.
IBERIO.-
Perdóneme pero la verdad, usted me decepciona. ¡No puedo creer lo que escucho!
ROA.-
Es cierto. Soy abstemia. ¡Nefalista a ultranza! ¡¿Qué tiene de malo?!
IBERIO.-
¡Estoy hablando de elegir la embriaguez como estrategia! ¡Yo esperaba algo más digno de
usted! ¡Algo más inteligente! ¡De mayor altura! ¡No este despropósito absurdo!
ROA.-
¡Ah! ¡¿Le parece absurdo?!
EBERIO.-
¡Absolutamente inconducente y ridículo!
ROA.-
¡¿Sí?!
IBERIO.-
¡Sí!
ROA.-
¡Venga!...
IBERIO.-
¿Qué quiere hacer?
ROA.-
Venga, venga. No tenga miedo.
IBERIO.-
...¿Qué?
ROA.-
Venga. ¡Mire!
IBERIO.-
¡¿Qué?!
ROA.-
Mire. ¿Qué ve?
IBERIO.-
...¿Dónde?
ROA.-
¡Allá!... ¡¿Qué ve?!
IBERIO.-
...Yo no veo nada.
ROA.-
¿Y allá, qué ve?
IBERIO.-
...Tampoco veo nada.
ROA.-
¿Y allá?
IBERIO.-
...¡Nada!
ROA.-
¡Bueno! ¡Ahí tiene! Por eso cualquier estrategia es válida. Aunque parezca absurda. El
futuro que nos espera es ese. ¡Nada!
IBERIO.-
...¿El futuro es ese?
ROA.-
Si no accionamos rápido... ¡Nada!
IBERIO.-
¿Usted señalaba para que yo tuviese una idea de lo que nos espera?
ROA.-
Al fin nos vamos entendiendo.
IBERIO.-
¡No, no! Para mí ya es suficiente. Basta. Yo me voy.
ROA.-
¡Je! ¡Asusta ver cara a cara al futuro! ¡¿no?!
IBERIO.-
¡Usted me asusta! ¡Su pedagogía elemental me asusta! ¡¡Me aterra!!... ¡Esto es poco
serio! ¡Es increíble! ¡Primero me ahoga en alcohol argumentando motivos estratégicos!
¡Después me abruma con alegorías simplistas! ¡Burdas! ¡Patéticas! ¡Y lo peor es que
lo hace como si estuviese revelando el misterio de la creación! Acá hay dos
posibilidades: ¡o usted sufrió una merma escandalosa de la inteligencia, o se abusa
despiadadamente de mi estado crítico. Cualquiera de las dos, es causal de abandono. ¡Yo
me voy!
ROA.-
No se vaya. Espere. (Lo empuja. Iberio, cae) ...Reconozco que tiene un poco de
razón.
IBERIO.-
¡¿Un poco?!
ROA.-
Bueno... agregue un poco más.
IBERIO.-
¡Ni siquiera es capaz de reconocerlo!
ROA.-
No es mi función reconocer errores. Yo me dedico a buscar soluciones.
IBERIO.-
Es obvio que la bebida inundó su cerebro. (Incorporándose) ¡Decididamente yo me
voy!
ROA.-
(Vuelve a tirarlo) ¡No puede irse! Me hizo una promesa que debe cumplir.
IBERIO.-
¿Qué promesa?
ROA.-
"Pase lo que pase no iba a dejarme sola". Ahora tiene que respetar la palabra
empeñada.
IBERIO.-
(Incorporándose) ¡Jamás imaginé que también empeñaba el sentido común, la cordura,
la sensatez, y la integridad intelectual! ¡Para mí es demasiado! ¡Me voy! (Esta vez,
Iberio tira a Roa)
ROA.-
¡Está bien! ¡Tiene razón! ¡Usted tiene razón! ¡Me equivoqué! ¡Soy una estúpida!
¡Todo lo que hice es un error! ¡Es cierto! ¡Esta estrategia es un despropósito
absurdo! ¡Mis ojos están vacíos! ¡Lo reconozco! ¡Discúlpeme!... ¡Hay momentos en
que me siento perdida!... Me siento tan perdida. Tan lejos de lo que tengo que hacer. Tan
atada a esa detestable confusión general. Mi imagen me perturba. Me miro... y veo mis
huesos. Donde mire veo osamentas animadas. Levemente animadas. ¡Tanto horror adormece!...
¿Sabe lo que es sentir la cabeza hundida en la oscuridad por propia decisión, y seguir
inmutable frente a tanta voluntad descarriada?... ¿Sabe lo que es escucharse decir,
"tengo que preservar con uñas y dientes lo que conseguí", y un segundo
después preguntarse ¡¿qué conseguí?!... ¡Y verse estacada como un espantapájaros
harapiento en la mitad de un campo estéril, devastado por nosotros mismos!
¡¡Defendiendo nada!! ¡¡Y porque sí!! ¡¡Sólo porque sí!! ¡¡¿Sabe lo que es?!! (Toma
de la ropa a Iberio y lo sacude) ¡¡¿Puede imaginarse lo que es?!! ¡¡¿Puede?!!
¡¡¿Puede imaginárselo?!!
IBERIO.-
Sí. ¡Puedo! ¡Puedo! ¡Créame que puedo! ¡Pero no se ponga así! ¡Cálmese! ¡No se
enoje tanto, por favor!
ROA.-
¡¡No estoy enojada!! ¡¡No se confunda!! ¡¡No es enojo!! ¡¡Es rebelión!! ¡¡Es
furia!! ¡Furia que se rebela contra mí, contra usted, contra todos! ¡¿Por qué tenemos
el arte de confundir las cosas con tanta facilidad?!... Al capricho, lo llamamos voluntad.
A la vanidad, le decimos necesidad. Al que se rebela y protesta, lo tildamos de pesimista
inadaptado. A los resultados catastróficos de nuestra inagotable necedad, lo llamamos
designio divino. Por suerte nos tocó un Dios misericordioso que todo lo comprende y todo
lo perdona, si no, ¡¿quién más podría tolerar semejante derroche de estupidez?!...
¡¿Pero qué estamos haciendo, por favor?! ¡¿Qué estamos haciendo?!
IBERIO.-
¡¿Qué nos creemos que somos?!
ROA.-
¡Je! ¡Creemos que somos personas buscando la felicidad, pero estamos equivocados!
¡Somos pollitos mojados jugando a estrellarse contra las paredes!
IBERIO.-
Patitos...
ROA.-
¿Cómo?
IBERIO.-
¡Patitos mojados!
ROA.-
Bueno. Para el caso es lo mismo.
IBERIO.-
No. No es lo mismo.
ROA.-
¿Cuál es la diferencia? ¡Patitos o pollitos es exactamente igual!
IBERIO.-
¡Para que sea exactamente igual, tiene que decir patitos! ¡Patitos mojados! ¡Si quiere
precisión el animal es un pato! ¡¡Pa-ti-to!! ¡¿Entiende?!
ROA.-
Al único animal que no entiendo es al ser humano.
IBERIO.-
¿Es una alusión personal?
ROA.-
No. Es una alusión general sin doble intención. La verdad, por ahora no sé cómo
seguir...
IBERIO.-
...Yo tampoco.
ROA.-
¡Je! Ciertamente no es una coincidencia muy feliz.
IBERIO.-
Pero no se puede negar que vivimos en el mismo mundo.
ROA.-
Así es...
IBERIO.-
(Recostándose) ¿Le molesta si duermo un poco?
ROA.-
No. Yo también necesito descansar unas horitas. Estoy exhausta. (Se recuesta)
IBERIO.-
Nueva coincidencia... ¡¡Cuidado!!
ROA.-
¡¡Ay!! ¡¡¿Qué pasa?!!
IBERIO.-
¡Un bicho!
ROA.-
¡¿Dónde?!
IBERIO.-
¡Ahí!... ¡Mátelo antes de que se escape!
ROA.-
¡¿Por qué lo voy a matar?! ¡Pobrecito!
IBERIO.-
¡Porque es un asesino! ¡Mátelo!
ROA.-
No sabe lo que dice. El único bicho del universo que mata por matar es el hombre.
IBERIO.-
¡No es cierto! ¡No es cierto! ¡Está equivocada! ¡Error! ¡Cómo se ve que no conoce
la naturaleza inmunda del mamboretá!
ROA.-
¿De quién?
IBERIO.-
Del mamboretá. Ese insecto traicionero se llama mamboretá. ¡Es peligrosísimo!
ROA.-
(Mirando al insecto) ... ¿Mamboretá?
IBERIO.-
(Observa al insecto junto a Roa) Sí. Mamboretá o Campanero. Vulgarmente conocido
con el mote de "tata-dios". ¡Pero cuidado, eh! Es importante no caer en el
error común de confundirlo con el "bicho palito". Si bien pertenece a la misma
familia, es muchísimo más temible que una simple oveja negra.
ROA.-
Habla como si fuese un erudito en el tema.
IBERIO.-
¡Así es! No siempre he perdido el tiempo. Soy especialista en ortópteros.
ROA.-
Mmm... ¿Está seguro de que tiene naturaleza asesina como la nuestra?
IBERIO.-
Segurísimo. Ese ser despiadado, además de aniquilar sin compasión a sus pares, hay
casos en los que su violencia desenfrenada lo lleva a matar al ganado. Sobre todo a los
caballos.
ROA.-
¿A los caballos?
IBERIO.-
Sí. Se les introduce por las orejas y los vuelve locos hasta verlos muertos. Y después,
el repugnante cobarde, se escapa. ¡Mátelo sin miramientos! ¡Se lo merece!
ROA.-
¡De ninguna manera! Estoy en contra de la pena de muerte y no voy a ser cómplice de
ninguna ejecución. Voto por perdonarle la vida.
IBERIO.-
¡Yo también!
ROA.-
¡Perfecto! ¡Una coincidencia feliz!... Por hoy tuvimos bastante. Nos corresponde un buen
descanso.
IBERIO.-
Tiene razón. (Ambos se disponen a dormir) ...Hasta mañana.
ROA.-
(Pensando) ...Así que no estamos solos. Asesino y cobarde como nosotros... ¡Qué
extraña y morbosa coincidencia! (Apagón)
(Están sentados. Largo silencio)
IBERIO.-
...Perdón, ¿puedo hacerle una pregunta, señora Roa?
ROA.-
...Sí.
IBERIO.-
Yo sé que... quizá le resulte obvia y... hasta un tanto estúpida, pero... eeehh...
¿Qué estamos haciendo?
ROA.-
Estamos pensando.
IBERIO.-
¡Sí, claro! ¡Por supuesto!... ¡Lógico! ¡Cómo no vamos a estar pensando, si estamos
para pensar!... Lo que no me acuerdo bien es en qué pensábamos.
ROA.-
En cómo desarzonar a los jinetes del apocalipsis.
IBERIO.-
¿Desaronar a los jinetes del apocalipsis?
ROA.-
¡Desar-zo-nar! Tirar. Arrancar a los jinetes de sus caballos. Sacarlos violentamente de
sus sillas.
IBERIO.-
¡Aaahh! Ahora entiendo. Con razón no me acordaba bien... ¡Je! ¡Menuda tarea nos
espera!
ROA.-
Y, sí.
IBERIO.-
...Duro, ¿no?
ROA.-
Así parece...
IBERIO.-
...Complicado.
ROA.-
Sí, sí...
IBERIO.-
...Sí.
ROA.-
Ahá.
IBERIO.-
...Uff.. ¿Se le ocurrió algo?
ROA.-
Mmmm... Estoy en eso.
IBERIO.-
¿Tiene alguna idea? ¿Alguna pista concreta?
ROA.-
Todavía no. ¿Y usted?
IBERIO.-
Tampoco... ¿No le parece que eso de los jinetes es un objetivo un poco... inabordable?
¡No digo imposible! Pero tengo la sensación de estar frente a algo difícil de asir.
De... de... articular. ¿Usted no?
ROA.-
Sí.
IBERIO.-
...¿Sí?
ROA.-
¡Sí!
IBERIO.-
¡Ah!... ¿Y si ceñimos la búsqueda a una Investigación más concreta?
ROA.-
No entiendo...
IBERIO.-
Claro. Hasta el momento estuvimos tratando de resolver el problema en su totalidad. Lo que
yo propongo es elegir algo puntual. Una sola cosa. La investigamos en profundidad, y
después evaluamos los resultados para ver qué aporta a la causa.
ROA.-
...Suena razonable.
IBERIO.-
¡¿Le gusta?! ¡¿Le parece bien?!
ROA.-
¡Suena razonable! ¡Siga!
IBERIO.-
¿Entonces le interesa?
ROA.-
Cómo puede interesarme algo que todavía no sé. ¡Siga!
IBERIO.-
Bueno. Vamos a ver... Mmm... El primer paso es entender al hombre. El segundo, entrenarse,
y el tercero la acción efectiva, ¿no?
ROA.-
Si trata de impresionarme, le sugiero un cambio de rumbo. La memoria no es su fuerte.
IBERIO.-
¡Estoy recapitulando la estrategia para proponer algo concreto!
ROA.-
El capítulo de la estrategia, si mal no recuerdo, lo escribí yo. ¡Vaya directo a la
propuesta!
IBERIO.-
¡¿Por qué es tan insidiosa conmigo?! ¡¿Cómo vamos a llevar adelante la gran
provocación, si usted siempre se dedica a hostigarme?! ¡¿Por qué le gusta tanto
descalificar lo que digo?! ¡¿Por qué esa saña pasional por verme a la deriva?!
ROA.-
¡Todos estamos a la deriva!
IBERIO.-
¡Pero yo hago lo posible para dejar de estarlo, igual que usted!
ROA.-
¡¿Cuál es la bendita propuesta?!
IBERIO.-
¡¡Elegir algo específico!!
ROA.-
¡¡Eso ya lo escuché!! ¡¡¿Qué más?!!
IBERIO.-
¡¡Propongo investigar algo puntual del primer paso de la estrategia!!
ROA.-
¡¡¿Pero qué?!! ¡¡¿Qué cosa investigamos?!!
IBERIO.-
¡¡¿Por qué se trasluce en los ojos esa necesidad de violencia, de destrucción?!! ¡¡¿Qué deseo lo impulsa?!! ¡¡¿Qué placer experimenta el hombre en el momento mismo de aplastar, asesinar, matar?!!
ROA.-
¡¡Esa es una muy buena propuesta!!
IBERIO.-
¡¡Gracias!! ¡¡Por fin reconoce mi talento!!
ROA.-
¡¡En lugar de perder el tiempo en sazonar su ego, pasemos a la acción concreta!!
¡¡Manos a la obra!!
IBERIO.-
¡¡Usted lo dijo!! ¡¡Manos a la obra!! (Salta sobre Roa y comienza a ahorcarla)
ROA.-
¡Uuuhh!... ¡¿Qué... qué está... haciendo?!
IBERIO.-
¡¡Estoy investigando qué se siente en el momento justo del asesinato!!
ROA.-
¡Aaa... aaa... aaa... aanótelo en el libro de reflexiones!
IBERIO.-
(La suelta) ...¡Lo perdí! ¡¿No se acuerda?!
ROA.-
Es cierto... ¡Bueno, no Importa! (Lleva las manos de Iberio hacia su cuello)
¡Siga! ¡Siga!
¡Use la memoria y listo!
IBERIO.-
(Soltándola) ¡No, no! ¡No puedo!... ¡¿Y si después me olvido?! ¡¿Qué
hago?!
ROA.-
(Vuelve a llevar las manos de Iberio a su cuello) ¡No se va a olvidar! ¡Téngase
confianza hombre! ¡Siga!
IBERIO.-
(La suelta) ¡Es inútil! ¡No confío! ¡Nunca tuve buena memoria, y usted lo
sabe!
ROA.-
No tenga miedo. (Repite la acción de las manos) Algo va a recordar. ¡Vamos!
¡Todo sea por la noble causa! ¡Apriete!
IBERIO.-
(Toma las manos de Roa y las lleva a su cuello) Mejor apriete usted! ¡La humanidad
necesita gente con buena memoria para evitar la catástrofe!
ROA.-
(Repite la acción) ¡No es lo que corresponde! ¡La propuesta es suya! ¡Hágase
cargo! ¡Apriete!
IBERIO.-
(Repite la acción) ¡La propuesta es mía, pero la estrategia general es suya! ¡A
usted le toca apretar! ¡Vamos!
ROA.-
(Repite la Acción) ¡A mí no me engaña! ¡Usted quiere que lo ahorque para
hacerme responsable de su desesperación! ¡Pero le informo que somos millones las
víctimas! ¡Termine de una vez! ¡Vamos!
IBERIO.-
¡Y usted no soporta más sentirse siempre al borde del abismo! ¡La incertidumbre la
paraliza, la aterra! ¡¿Cuál será el paso que la precipite al vacío, no?!
ROA.-
(Esta vez toma el cuello de Iberio. Este sigue con sus manos en el de Roa) ¡Se
equivoca! ¡Cuando veo lo que hacemos, lo que me da pánico es la certeza! ¡La
incertidumbre es lo que me permite seguir buscando otro destino!
IBERIO.-
¡¿Ah, sí?!
ROA.-
¡Sííí!
IBERIO.-
¡¿Y ahora qué está buscando?! ¡¿La eutanasia?! ¡¿Qué yo desconecte el respirador
para que no parezca suicidio?!
ROA.-
¡Me convenció! ¡Ganó su perseverancia! ¡¡Lo voy a estrangular!! (Lo ahorca)
IBERIO.-
¡Cam... bié de opi... nión! ¡Yo la... ahorco a... usted! (Se ahorcan mutuamente
hasta caer al suelo. Se sueltan)
ROA.-
... ¿Qué estamos haciendo, por favor? ¿Qué estamos haciendo?
IBERIO.-
¡¿Qué nos creemos que somos?!...
ROA.-
...Perdóneme. No sé que me pasó.
IBERIO.-
No, no. El que debe disculparse soy yo. No entiendo mi actitud...
ROA.-
(Largo silencio) ...¡¿Qué sintió?!
IBERIO.-
...¡Que me faltaba el aire!
ROA.-
No, no. Estoy tratando de sacar algo en limpio. Algo que nos ayude en la investigación.
IBERIO.-
¡Ah! Entiendo. Sí.
ROA.-
¿Qué sintió mientras me ahorcaba?
IBERIO.-
...Culpa.
ROA.-
Culpa... ¿Y por qué no terminó de matarme? ¿Qué se lo impidió, el orgullo? ¿No
quería darme el gusto?
IBERIO.-
No. Me lo impidió la culpa...
ROA.-
Otra vez la culpa...
IBEP,IO.-
...¿Y usted qué sintió?
ROA.-
...Miedo
IBERIO.-
¿Le asusta la posibilidad de convertirse en asesina?...
ROA.-
La verdad... me asusta la idea de quedarme sola.
IBERIO.-
...Parece que no somos una buena referencia de investigación.
ROA.-
Usted lo dijo...
IBERIO,-
...¿Y ahora qué hacemos?
ROA.-
Mmm... No sé. Algo se nos va a ocurrir. (Apagón)
ESCENA IV
IBERIO.-
(La escena comienza a oscuras) ¡Ojalá se pudran tus glándulas salivales y se te
infecte la lengua con papilas y todo! ¡Ojalá que cada idea tuya, cada pensamiento que
verbalices sea un trago de tu propia ruindad intoxicándote hasta las vísceras! ¡Que tu
autosuficiencia patética, tu vanidad salamera y tu inteligencia descalcificada, se
ahoguen sin remedio en ese veneno hediondo que vas escupiendo sobre los desprevenidos!
¡Ojalá que tu sangre abyecta se coagule de repente y una trombosis masiva tapone hasta
tus fosas nasales! Es claro que te ves como un halcón astuto que vuela sobre sus presas,
pero es más claro aún, para el que te mira, tu estúpido aspecto de tábano sin alas. (Sube
luz. Roa está sentada con las piernas abiertas mirando el piso. Iberio, parado frente a
ella) De camaleón desteñido. De alimaña seca, pútrida y desdentada. Un día, te
aseguro que un día vas a desvanecerte como una burbuja en el aire sin emitir sonido. Vas
a caer como una pestaña vieja por cualquier alcantarilla y no pararás de rodar hasta lo
más profundo de las tinieblas. Vas a estallar igual a un hígado con hepatitis B
alimentado a chocolate. Y cuando eso pase, a nadie se le ocurrirá festejar tu ausencia.
¿Y sabés por qué?... Porque nadie jamás te consideró algo significativo. Ni siquiera
por tu pretendida maldad.
...¿Y? ¿No le pasa nada? ¿No reacciona?
ROA.-
...No.
IBERIO.-
¡¿No hace nada?!
ROA.-
¡Nada!
IBERIO.-
¡¿No se balancea?! ¡¿No hace así... con las patitas. Como desafiando al cielo?!
ROA.-
¡¿Cuántas veces se lo voy a repetir?! ¡No hace nada!
IBERIO.-
¡No puede ser!
ROA.-
¡Lo que no puede ser es su apego a la terquedad! ¡Compruébelo usted mismo! ¡Mire! ¡No
ve que no hace nada! ¡Está más tieso que un cadáver!
IBERIO.-
Sí, es cierto. Está más tieso que un cadáver. (Pisa reiteradas veces al mamboretá)
¡Y ahora, más plano que un papel!
ROA.-
¡¿Qué hace inconsciente?!
IBERIO.-
Un acto de justicia. Terminar con las andanzas de un asesino simulador.
ROA.-
¡No lo puedo creer! ¡Usted no puede tomar a la justicia por propia mano! ¡¿A dónde
vamos a llegar así?!
IBERIO.-
¡Bueno! Nadie va a extrañar a un insecto tan cizañero. ¡Porque a mí no me engaña!...
Era un truco. Se hacía el indiferente para que yo quedase como un estúpido frente a
usted.
ROA.-
Para eso no necesita ayuda de nadie.
IBERIO.-
¡Ve! ¡Ve! ¡Ahora me echa la culpa a mí! ¡Le recuerdo que la idea ridícula de
provocarlo, fue suya! ¡Si me hubiese hecho caso cuando le dije que lo matara, estaríamos
ocupados en una estrategia más provechosa!
ROA.-
No, no, no. Momentito. Usted dijo que el mamboretá tiene un comportamiento similar al
nuestro, y también propuso tomar una sola cosa por vez y profundizarla. Por eso yo lo
elegí como estudio analógico. En todo caso la idea fue de los dos.
IBERIO.-
¡Está bien! Es justo. La responsabilidad es compartida. Lo acepto.
ROA.-
De la estrategia, sí. Del asesinato, no.
IBERIO.-
¡Otra vez! ¡Termínela con eso! ¡Ya le dije que se lo merecía! Es un bicho más malo
que la peste.
ROA.-
¡Siempre el mismo cínico argumento! ¡El malo es el otro! ¡Yo no, el otro!... Vivimos
con los corazones balanceándose como un péndulo eterno entre lo que se nos antojó
llamar el bien y el mal. La mejor invención para acomodar lo que hacemos a nuestra
mezquina conveniencia. No importa por qué, ni cómo, ni contra quién. Todo sirve. Todo
nos viene bien. ¡Total! Nosotros estamos del lado de los buenos, así que tenemos razón.
Eso significa que los malos siempre son ellos. Y por supuesto, si son malos, están
equivocados. Entonces, yo que soy la buena, aplasto invocando el bien. Destruyo en nombre
de Dios. Asesino en nombre de mi seguridad. Someto porque no quiero ser sometida. Apreso
en nombre de mi libertad. Aniquilo en nombre de la supuesta locura que el malo pueda
desplegar contra mí. En nombre de ideas peligrosas que amenazan mi futuro, hago
desaparecer. En nombre de esa moral corrupta que atenta contra mis buenas costumbres,
repruebo, censuro, prohibo, reprimo, torturo, mato... Y así podría seguir enumerando
durante siglos nuestra bondad fulminante.. . ¡Je! ¡Nosotros, los buenos!
IBERIO.-
No había pensado en eso. Discúlpeme... La verdad, después de escuchar lo que dijo, me
dan ganas de... de... (Amaga arrancarse los ojos) de suicidarme.
ROA.-
Justamente por eso reniego con tanta furia. ¡Yo no quiero suicidarme! Pero no dejo de
hacerlo todos los días. Hace años que me suicido. ¿Y sabe por qué no puedo detenerme?
IBERIO.-
No...
ROA.-
Porque me siento acompañada casi por el resto de los mortales. Es mi mayor
identificación... Si yo fuese un dios, hundiría mis dedos en la tierra y como si tuviese
una pelota entre las manos, la sacudiría frenéticamente. ¡Así, así!... Hasta
asegurarme de que no quede ni un solo ser humano sin caer. Y después, sí. Volvería a
empezar con eso de la creación. Pero con mucha más prudencia, sensatez y humildad. Le
dedicaría bastante más que una semana a la tarea. Sobre todo si insisto en incluir
nuevamente a los humanos.
IBERIO.-
(Levantando al mamboretá) ...Perdón. Ahora me doy cuenta de lo que hice. No sé
qué me pasó. Fue un impulso inconsciente, no sé.
ROA.-
Sí, inconsciente. Parece que todos seguimos el mismo impulso inconsciente. Otra manera
de... ¡Eso! ¡Claro! ¡Cómo no se me ocurrió antes! ¡El inconsciente ¡El inconsciente
colectivo!
IBEP,IO.-
¡¿Qué?!
ROA.-
Si logramos averiguar qué hay en el inconsciente colectivo. Cuál es el impulso que nos
mueve a todos en la misma dirección, quizá encontremos un buen antídoto.
IBERIO.-
¡Aaahh!... ¿Y cómo hacemos para averiguarlo?
ROA.-
...Quédese tranquilo que yo tengo una idea.
IBERIO.-
¡Me quedo tranquilo!
ROA.-
Póngase cómodo. Recuéstese.
IBERIO.-
No. Así estoy bien. Gracias.
ROA.-
Necesita relajarse. Está muy tenso. Muy nervioso. Hágame caso, recuéstese.
IBERIO.-
¡Bueno! Tiene razón. Muy amable. Gracias. (Se acuesta)
ROA.-
Respire hondo... (Iberio hace todo lo que le pide Roa) Otra vez... Más suave...
Así está bien. Ahora, siga el movimiento de mi dedo... Eso... Los ojos le pesan,
pesan... pesan. Se cierran... Tiene sueño. Mucho sueño... Voy a contar desde cinco en
forma descendente. Cuando llegue a cero, estará profundamente dormido. Cinco, cuatro,
tres, dos, uno, cero... ¿Está dormido?... Conteste, ¿está dormido?
IBERIO.-
Ssss... Sssí.
ROA.-
Muy bien. Ahora va a tratar de unirse al sueño de todos. Al deseo más inconsciente de
los hombres. Concéntrese en el impulso esencial que nos mueve.
IBERIO.-
Ssssí.
ROA.-
¿Ya está en sincronismo con el ánima y el ánimus general?
IBERIO,-
Ssssí.
ROA.-
Bien, bien. Ahora, cuando yo diga "ya", usted verbalice lo que encontró en ese enigmático inconsciente colectivo. Listooo... ¡ya!
IBERIO.-
Qqq... qqq... qqui...
ROA.-
¿Y?... ¡Dije ya!
IBERIO.-
Qqqui... quiero... quiero... qqq...
ROA.-
¡¡Ya, ya, ya, ya, ya!!
IBERIO.-
¡¡Quieeerooo cooompraaarr!! ¡¡Quieeeroo comprarme tooodooo!! ¡¡Todo lo que veooo!!
¡¡Toodooo!! ¡Y dos veces! ¡Quiero crédito ilimitado en cuotas fiiijaaas!
ROA.-
¡Bueno!
IBERIO.-
¡Sin intereses!...
ROA.-
¡Bueno, bueno! ¡Basta! Digo, cuando cuente tres, se despierta. "Uno"...
IBERIO.-
¡Quiero comprar mááás!...
ROA.-
¡¡Dos!!...
IBERIO.-
¡¡Yooo paaagooo!!
ROA.-
¡¡Tres!!
IBERIO.-
¡Quiero seguir compraaandoo!
ROA.-
(Lo sacude violentamente) ¡Ya está! ¡Ya está! ¡Ya se despertó, Iberio!
¡Basta!
¡Dije uno, dos, tres! ¡¿O no sabe contar?!
IBERIO.-
¡Eh!... ¡Eh! ¿Qué! ¿Qué, qué pasa?
ROA.-
Nada, nada. Tranquilo. Cálmese.
IBERIO.-
...¡Ay! Me parece que me quedé dormido, ¿no?
ROA.-
Sí. Y tuvo una pesadilla espantosa.
IBERIO.-
¿Sí?
ROA.-
Se lo aseguro. No le miento.
IBERIO.-
Qué raro. No me acuerdo de nada... ¿Y usted cómo se dio cuenta de que tuve un
pesadilla?
ROA.-
Por el inconsciente.
IBERIO.-
¿Cómo?
ROA.-
Nada. No me haga caso. Estoy un poco... aturdida. Necesito descansar un rato. Cambiar de
aire o algo así.
IBERIO.-
¡Ahí está!
ROA.-
¡¿Quién?!
IBERIO.-
Se me acaba de ocurrir una idea.
ROA.-
¡¿Usted tiene una idea?!
IBERIO.-
¡Sí, yo! ¿Por qué? ¿Qué tiene de malo mi idea?
ROA.-
No sé qué tiene de malo. Si todavía no me la contó.
IBERIO.-
¡Aire puro! Si cambiamos de paisaje. Si vamos a un lugar donde estemos en contacto con el
aire puro, la fuerza de la naturaleza seguramente nos inspirará una buena idea.
ROA.-
¡Ah!... O sea que su idea es ir a un lugar que nos inspire una idea.
IBERIO.-
Exacto. La fuerza de la naturaleza. Una idea lleva a otra idea. Y esa, a otra. Y a su vez
a otra, y a otra, y a otra... Y así en forma infinita.
ROA.-
...Está bien. Si a mí no se me ocurre nada, por qué no probar su concatenación de
ideas. Vamos.
IBERIO.-
¡No! ¡Un momento!
ROA.-
¿Qué?
IBERIO.-
Esta vez la idea es mía. Así que... ¡Vamos! (Apagón)
(Sonido de olas. Iberio y Roa sentados a orillas del mar. Es de noche)
ROA.-
(Largo silencio) ...¿Y? ¿Se le ocurrió algo?
IBERIO.-
¡Uf!... La verdad, cuando respiro este lugar, me invade una tristeza tan inmensa como lo
que veo. Lo único que se me ocurre es gritar. Quisiera gritar por todas las veces que no
lo hice. Gritar hasta desgarrarme las amígdalas. Aullar hasta quebrar los hielos
continentales, Hasta que la onda expansivo sacuda la corteza terrestre como si fuese un
felpudo... Lamentablemente es una estrategia poco útil, ¿no?
ROA.-
Y... Sería interesante una tristeza un tanto más pragmática. ¡Pero bueno!...
IBERIO.-
Sí. Es cierto... es cierto. (Mira al cielo) ...¡Ay! ¡Qué dolor no ser poeta!
Nada me gustaría más que estar aquí por exaltación romántica, por arrebato de
melancolía, o al menos por simple nostalgia, no sé... Pero no. Estoy por
desesperación... (Escucha el sonido del mar) ¡Puedo sentir el sonido del alma!...
¡Cómo te escucho bramido perpetuo! Golpeando y golpeando para romper los límites de
este estrecho cuerpito. Ya sé por qué estás tan inquieta. Pero igual no te entiendo. No
entiendo. ¡Cómo comprender la impaciencia de la eternidad!... Necesito más tiempo para
hacer algo. Dame tiempo. ¡¿Por qué esa premura?! (Mira al ciclo) ¡¿A dónde
querés ir sin mí?! ¡¿Quién te espera?!... ¡Mire! ¡Mire con qué pena y dolor nos
observan!
ROA.-
¡Nooo! ¡No voy a mirar! No en estas circunstancias.
IBERIO.-
Sí... ¡Es humillante sentirse observado con pena!
ROA.-
No es precisamente en lo que yo pensaba. Si levanto la cara al cielo, veo millones de
testigos estupefactos que ya no titilan, ¡tiemblan en masa frente al horror!... No
quisiera desencantar a los espíritus sensibles como el suyo, pero desde el cielo no
lloran por nosotros, nos escupen de rabia con asco y repulsión por lo que hacemos. Ellas
saben que la muerte se deleita con la esperanza agonizante. ¡Seguramente pueden verla
bailar!... Y a nosotros no se nos ocurre nada. ¡Absolutamente nada! A veces pienso que en
la misma medida en que avanza la conciencia, retrocede el entendimiento. ¡Indignante
paradoja!
IBERIO.-
Entonces... ¿estamos quebrados, señora Roa?
ROA.-
Mmmm... No creo. Yo no sé si es cierto eso de "el que busca encuentra", pero
tengo la sensación de que reviste al. espíritu con alguna substancia extraña y flexible
que lo protege... ¡Aborrezco mi mediocridad! ¡Mi rancia mediocridad! ¡Algo tenemos que
hacer! (Sube sonido de olas) ¡No podemos convertimos en deshechos! ¡En seres
ajados que van por ahí arrastrando sus vidas miserables! ¡Haciendo ruido para que todos
sepan cuán desafortunados son! (Sube más el sonido de olas) ¡Es exasperante no
poder provocar nada! ¡¡Algo nos tiene que hacer reaccionar!! (Sube sonido de olas)
¡¡Por favor!! ¡¡Que pase algo para que nos pongamos en acción!! (Los tapa una ola.
Siguen debajo del agua hasta el final de la escena) ...¡Gracias! ¡Gracias madre
naturaleza! ¡Gracias por el mensaje! ¡Ya sé lo que tenemos que hacer! ¡Estuvimos sobre
la pista pero el lugar no era el correcto! ¡Ya entendí!... ¡¡Ibeeeriooo!!
¡¿Dóóónde estááá?!
IBERIO.-
¡Acááá estoooy!
ROA.-
¡Creí que se había ahogado!
IBERIO.-
¡Aj, aj!... ¡Estoy en eso!
ROA.-
¡Deje de jugar y vamos! ¡No hay tiempo que perder!
IBERIO.-
¡¿Y ahora a dónde quiere ir?!
ROA.-
¡A cumplir con la gran provocación! ¡Pero esta vez, vamos al encuentro directo con la
última estrategia! ¡En marcha que el camino es largo!
IBER,IO.-
¡Aj!... Adelántese. Yo cuando pueda la alcanzo!
ROA.-
¡Vamos, patito mojado! ¡Un esfuerzo más! ¡En el Eufrates tiene suficiente agua para
seguir chapoteando! ¡Vamos! ¡Ya sé como desarzonar a los jinetes del apocalipsis! (Sonido
de trueno. Apagón)
(Suena el mismo vals. Hay varias botellas vacías tiradas por el escenario. Iberio y Roa se desplazan borrachos buscando a los jinetes. Caen y se levantan idem escena II. Corta la música)
IBERIO.-
¿Y? ¿Los vio? ¿Encontró algún rastro? ¿Alguna huella de caballo, algo?...
ROA.-
Todavía no. Pero sé que andan cerca. Puedo oler ese vaho inconfundible. Ese hedor ácido
característico del azufre. Tienen que estar por acá.
IBERIO.-
¡Sí! ¡Tienen que estar cerca! ¡Yo también huelo!
ROA.-
Siga. Siga tomando que vienen.
IBEP,IO.-
¡Sí! ¡Sí! ¡Esta vez no vamos a fallar! ¡A la salud de la estrategia!
ROA.-
¡Por la causa! (Beben) ...Atento. Atento, Iberio... ¿Los ve por algún lado?
IBERIO.-
A esta altura veo todo turbio. Pero quédese tranquila, mi nariz podría distinguir con
precisión hasta el olor del agua.
ROA.-
...¡¿Dónde están?! ¡¡Cuatreros desbocados!! ¡¡Sombras repugnantes!! ¡¡Vengan de
una vez!! (Sonido de trueno)
IBERIO.-
¡¿Para qué se esconden?! ¡Si ya sabemos que están ahí agazapados! ¡Esperando el
momento exacto para atacar!
ROA.-
¡¡De nada les vale embozarse hasta los ojos con sus capas de fuego!! ¡¡Ustedes saben
que los vamos a desarzonar igual!! (Truenos y relámpagos)
IBERIO.-
¡¡Sí!! ¡¡Vamos a tirarles ejércitos de mamboretás rabiosos que se meterán en las
orejas de sus caballos!! ¡¡Y si pretenden devastar, tendrán que hacerlo a pie!!
¡¡Engendros perezosos!! (Nuevos truenos tiran a Iberio y Roa al piso)
ROA.-
¡Ja! ¡Ja! ¡¿Qué quieren probar con esto?! ¡¿Qué?! ¡Ya sabemos que somos seres
volubles! ¡Es cierto! ¡Podemos convertirnos en nada! ¡Pero ustedes también!
IBERIO.-
¡Sí! ¡El acertijo está resuelto! ¡Ya descubrimos que el enigma somos nosotros!...
¡Esfinges embusteras! ¡Ustedes imaginan que cabalgan en briosos corceles enlutados, pero
no son más que parásitos montados sobre nuestro movimiento erróneo! (Nuevos truenos
los hacen rodar. Lluvia copiosa)
ROA.-
¡No! ¡No! ¡Esta vez no! ¡Vamos! ¡De pie, Iberio! ¡Arriba, arriba! ¡Vamos!
IBERIO.-
Sí. ¡Arriba mi alma! (Se incorporan)
ROA.-
Provocación por provocación. ¡A ustedes les estamos hablando, cisnes arrogantes!
¡Nosotros, los patitos mojados, los desafiamos a ustedes! ¡Miren! (Bebe)
IBERIO.-
¡Sí! ¡Miren! ¡Los desafiamos! (Bebe. Truenos)
ROA.-
¡A ustedes, acostumbrados a pulir sus espadas atravesando nuestros corazones! ¡A
ustedes, bestias carroñeras arrebujadas en la desesperanza! ¡Miren! (Bebe)
IBERIO.-
¡Miren, miren! ¡Por ahora pueden correr felices sobre nuestro horror! ¡Pueden saltar y
chillar de alegría sobre nuestra naturaleza confusa! ¡Pero no siempre será así!
ROA.-
¡No! ¡Claro que no! ¡Un día, bien que lo saben, descubriremos lo más profundo de
nuestra indignación, y la vomitaremos sin reparos sobre cada uno que se nos cruce! ¡Y
ese, a su vez, hará lo propio con los demás! ¡Hasta que al fin deje de calmarnos la
simple opinión y el deseo dormido se transforme en necesidad impostergable! ¡En acción
decididamente reparadora!
IBERIO.-
¡Sí! ¡Vamos a detener este bamboleo absurdo y nuestros pasos serán tan poderosamente
firmes, que los ángeles cómplices estarán obligados a cambiar de estrategia!
ROA.-
¡Y ese día, ningún velo imaginable alcanzará para ocultar sus repugnantes cabezas!
¡Entonces ustedes, jinetes de calesita, escuchen bien... ustedes se convertirán en los
eternos ausentes!... ¡Y nosotros, daremos por cumplida la gran provocación!
(Nuevos truenos los hacen rodar. Rayos y lluvia. Repentinamente corta el sonido. Largo
silencio)
IBERIO.-
(Mirando alrededor) Señora Roa... ¿puedo hacerle una pregunta?
ROA.-
Sí...
IBERIO.-
...¿Fracasamos?
ROA.-
...Depende. Si lo miramos con ojos exitistas, triunfalistas... como todavía no
conseguimos el objetivo buscado, se podría decir que fracasamos.
IBERIO.-
¿Y si no?
ROA.-
Y... Si pensamos en otra estrategia y la llevamos a la acción, todavía no está dicha la
última palabra... Quizá no sea más que un profundo deseo mío... Pero creo que un gran
deseo tiene la obligación de ser eterno. ¿Usted qué piensa?
IBERIO.-
Pienso que es probable... Y si estamos para pensar, pensemos. Tal vez se nos ocurra
algo... ¿por qué no?
(Suena el vals. Se incorporan ayudándose mutuamente. Cada uno tiene una botella en su mano. Una vez de pie, se disponen a brindar, pero finalmente deciden tirar las botellas. Se desplazan tratando de no bambolearse. Apagón)
F I N