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STABAT MATER

 

Información

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Título: STABAT MATER

Autor: Francisco Pino

Número de actos: 1

Estrenado: No

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Personajes : VÍCTOR, MARÍA, su PADRE.

Músicas : Stabat Mater (Pergolesi) , Kindertotenlieder

(Mahler)

 

Introito :

Reflejo tal vez de otra distante, en la ventana un acerado fulgor rojo preludia el sosiego del ocaso.

Es un estrecho cuarto, que evidencia quizá cierto desorden y abandono.

Víctor no parece encontrar el libro que busca entre las baldas. Da sin embargo con otro olvidado, una pequeña Biblia que comienza a hojear con interés creciente. Toma asiento en algún sitio, absorto en la lectura.

Se oye que le llaman afuera. Pero él no lo advierte, pues camina ya cerca del Tigris, donde un pez enorme querrá devorar a Tobías.

Cargada de paquetes entra su mujer.

 

MARIA - Ah, estás aquí… ¿No me has oído llamarte?

 

VÍCTOR - ¿Cómo?

 

MARÍA - Nada… Creí que no te gustaba este cuarto, ¿qué haces aquí?

 

VÍCTOR - Pues… entré buscando una historia y me entretuve con esto… ¿recuerdas?

 

MARÍA - Claro… Me la regalaste al poco de conocernos. Le tengo mucho cariño.

 

Deja los paquetes sobre la mesa auxiliar. Hojea la pequeña Biblia en las manos de Víctor.

 

MARÍA - Déjala donde estaba, eh, de vez en cuando me gusta echarle un vistazo. (...) ¿Vas a quedarte aquí?

 

VÍCTOR - Sólo un poco... Me he topado con Tobías, y quiero ver en qué acaba este viaje. Espérame fuera si quieres.

 

MARÍA - Bien… ¿Ha llamado mi hermana?

 

VÍCTOR - No, no ha llamado nadie. (Pausa, mientras sigue leyendo.) ¿Por qué no preparas un vino?

 

MARÍA - ¿Un vino? Sí, está bien… luego colocaré los paquetes. (Fijándose en el entorno antes de salir.) Oye, esto está hecho una pocilga.

 

VÍCTOR - ¿Sí?..

 

MARÍA - Sí, ya lo creo…

 

SALE María. Largo silencio, mientras Víctor lee… Cuando de nuevo ENTRA María con el aspirador y otros útiles de limpieza, Víctor cierra el libro resignadamente.

 

VÍCTOR - Dónde vas con todo eso…

 

MARÍA - Voy a ordenar un poco el cuarto, Víctor… Son diez minutos. Enseguida nos tomamos el vino.

 

VÍCTOR - ¿Y no puedes esperar a que venga mañana la chica? Sabes que no debes cansarte.

 

MARÍA - Bah, tonterías… Será un momento. Quiero colocar eso en los armarios, pero ya imagino cómo estarán… Anda, prepara tú el aperitivo si quieres, acabo enseguida.

 

VÍCTOR - No, no… Trae, déjame a mí…

 

Víctor conecta el aspirador y lo va arrastrando por el piso, mientras María pone orden en la pieza, saca y vuelve a colocar algunas cosas del armario.

 

MARÍA - Víctor…

 

VÍCTOR - Sí…

 

MARÍA - ¿Puedes traerme la escalera?

 

VÍCTOR - ¿Para qué quieres la escalera?

 

MARÍA - (Indicando el altillo.) Me gustaría guardar ahí esos paquetes. (...) A este cuarto hay que darle un giro, eh... Los armarios están muy desaprovechados. Tendríamos que hacer una buena limpieza… en profundidad.

 

VÍCTOR - Ah, sí…

 

MARÍA - Sí. Pero no ahora, no te preocupes. Tal vez otro día...

 

VÍCTOR - Eres imposible. En fin… ¿La escalera?

 

MARÍA - Si me haces el favor…

 

Sale Víctor. María va junto a la ventana, algo pensativa, mira abajo. Se escucha una vieja cisterna de baño, un teléfono distante. Silencio. Entrará Víctor con una escalera de mano, poniéndola bajo el altillo.

 

VÍCTOR - ¿Aquí?

 

MARÍA - Sí, déjala ahí. (...) Y dices que no ha llamado mi hermana…

 

VÍCTOR - No, no ha llamado. Ya te he dicho que no ha llamado.

 

MARÍA - Sí, qué raro… Supongo que traerá a mi padre a las nueve.

 

VÍCTOR - Pues no lo sé. ¿En qué quedasteis?

 

MARÍA - En que lo dejarían aquí temprano, tienen una cena.

 

VÍCTOR - ¿Otra? No se dan un respiro, eh. Luego el gotoso de tu cuñado se quejará amargamente de su lamentable condición.

 

MARÍA - Sí. Allá cada cual… Anda, termina con la aspiradora.

 

VICTOR - ¿No quieres que me suba arriba?

 

MARÍA - No, primero termina con eso.

 

VÍCTOR - Está bien…

 

Limpian los dos en silencio. Luego Víctor apaga el aspirador junto a una alfombra enrollada.

 

VÍCTOR - Oye, ¿qué hacemos con la alfombra?

 

MARÍA - La dejaremos en la terraza. Mañana diré a la chica que la limpie.

 

VÍCTOR - ¿Quieres que le pase ahora el aspirador?

 

MARÍA - No, no… mañana lo hará Luci.

 

VÍCTOR - ¿La saco afuera entonces?

 

MARÍA - Sí…

 

SALE Víctor con la alfombra. Un viejo bus se oye ascender jadeante hasta la parada cercana, abrir sus puertas de fuelle en un chirrido exhausto. María termina de ordenar abajo y sube a la escalera. Manipula un poco en el altillo. Luego quedará impresionada por algo que ha visto en su interior. Conmocionada. ENTRA Víctor.

 

VÍCTOR - Oye, y esos otros paquetes de fuera… Has hecho una buena compra, eh… ¿Te has acordado de mí? Necesitaba un par de camisas.

 

Silencio. María no responde.

 

VÍCTOR - María… ¡María!

 

Silencio. Víctor se acerca a la escalera.

 

MARÍA - (Estremecida, tenebrosa.) ¿Sabes lo que hay aquí?

 

También Víctor parece ahora súbitamente perturbado. Se lleva las manos a la cabeza, recordando, con creciente espanto. Su semblante empalidece. Se apoya o toma asiento en cualquier sitio… Cambian las luces mientras suena el "Stabat mater dolorosa" (Pergolesi.)

 

MARÍA - (Más afligida.) ¿Sabes lo que hay aquí?

 

Silencio.

 

VÍCTOR - (Con irremediable pavor.) María… Vamos, salgamos fuera. (Pausa.)

 

MARÍA - Sí… lo sabes…. Lo sabes.

VÍCTOR - Baja de ahí, María… Cierra el armario y salgamos de aquí. Vamos, María…

 

MARÍA - No puedo… Es tarde.

 

VÍCTOR - Hazme caso, por favor… Baja de ahí.

 

MARÍA - Sabes lo que es…

 

VICTOR - Sí… he recordado. (...) Pero no es posible, verdad… No es posible… que todo regrese de nuevo.

 

Silencio. Abatido, Víctor se deja caer en una silla, la cabeza entre las manos.

 

VÍCTOR - Bájalo.

 

MARÍA - Sí…

 

Trémula, María desciende con una caja de cartón medio podrida. Dentro, telas de viejos, primorosos, encajes; enmohecidas ahora, acartonadas, de un pálido y yerto amarillo, que son el prólogo ineluctable de aquello que envuelven: una carita mofletuda y sin vida.

 

VÍCTOR - Maldita sea… Qué hemos hecho, María… qué hemos hecho para llegar aquí…

 

Silencio. Ella acaricia el rostro sin vida.

 

MARÍA - Míralo, Víctor… es él. No ha pasado el tiempo.

 

Lo pone sobre una pequeña mesa auxiliar, casi en el centro del cuarto. Silencio. Víctor se levanta al fin y lo mira emocionado.

 

VÍCTOR - Es… hermoso. (...) ¿Por qué ahora nos sucede esto?

 

MARÍA - No lo sé. No lo sé… Ha sido culpa mía. La costumbre idiota de ponerlo todo patas arriba…

 

VÍCTOR - Por qué… Una maldita casualidad, María… Habíamos logrado, al fin… el olvido.

 

MARÍA - Sí… (...) ¿Qué haremos ahora, Víctor?

 

VÍCTOR - No lo sé… Todo es tan terrible… Ese cuerpo pertenece a la tierra. Jamás debimos hurtárselo.

 

MARÍA - Es… mi hijo.

 

VÍCTOR - … Jamás debimos hurtárselo, María.

 

Silencio.

 

MARÍA - ¿Está muerto?

 

VÍCTOR - Sí.

 

Silencio. Lejanamente se oye una música de violín, la machacona repetición incansable de algún pasaje de estudio... Víctor coge la caja y va a la escalera.

 

MARÍA - ¿Adónde vas?

 

VÍCTOR - Lo pondremos ahí de nuevo.

 

MARÍA - ¡Espera! Déjame que lo mire una vez más… Una vez más tan sólo.

 

Va junto al niño, acaricia su carita.

 

MARÍA - Tiene frío.

 

VÍCTOR - Sí…

 

MARÍA - Déjalo aquí un poco más. Lo velaremos esta noche.

 

VÍCTOR - No, María. Tu padre vendrá pronto. Ahora debemos salir del cuarto, comenzar a olvidar de nuevo.

 

MARÍA - Tiene frío… Está helado.

 

Víctor otra vez lo deja sobre la mesa. María se arrodilla junto a él. También Víctor se sienta en el suelo junto a la caja. Silencio.

 

VÍCTOR - ¿Cuánto hace que está ahí arriba?

 

MARÍA - No sé… Mucho tiempo.

 

VÍCTOR - Sí…

 

MARÍA - Está tan frío…

 

VÍCTOR - Está muerto, María.

 

Silencio.

 

MARÍA - ¿Qué haremos ahora?

 

VÍCTOR - No lo sé. Deberíamos dejarlo ahí de nuevo… O quizás no… No lo sé, María.

 

Silencio. Se escucha el apagado garleo de un televisor en alguna parte.

 

MARÍA - ¿Cómo ha ocurrido? ¿Cómo ha podido pasar?

 

VÍCTOR - No lo sé. ¡No lo sé! ¡Maldita sea!… Una absurda casualidad… Estábamos limpiando…

 

MARÍA - Sí… (…) ¿Y una absurda casualidad… nos puede cambiar la vida de este modo?

 

VICTOR - (Acariciando también al pequeño.) Sí… es tan hermoso…

 

MARÍA - Sí… (...) Hace frío aquí… ¿otra vez la calefacción?

 

VÍCTOR - No, María, somos nosotros… El frío lo llevamos dentro. (Pausa.)

 

MARÍA - Cómo pudo ocurrir…

 

VÍCTOR - No lo sé, estábamos limpiando.

 

MARÍA - Sí… Él estaba en el altillo… solo, quieto… Estaba escondido.

 

VÍCTOR - Deberíamos dejarlo allí de nuevo.

 

MARÍA - No. Tiene frío, está helado.

 

VÍCTOR - Está muerto, María.

 

MARÍA - Muerto… sí…

 

Silencio. Como antes, el bus y sus puertas de fuelle se oyen abajo.

 

VÍCTOR - ¿Has limpiado el cristal de la mesa?

 

MARÍA - No.

 

Víctor se levanta, deja la caja en el suelo y luego frota la mesa con un paño y limpiacristales.

 

VÍCTOR - Mejor así… (Vuelve a poner la caja sobre la mesa.)

 

MARÍA - ¿Qué haremos ahora? ¿Qué vamos a hacer, Víctor?

 

VÍCTOR - No sé… Ni siquiera sé si de nuevo será posible el olvido.

 

MARÍA - Es tan hermoso…

 

VÍCTOR - Pero está muerto.

 

MARÍA - Sí… (...) ¿Por qué estaba escondido?

 

VÍCTOR - No. No estaba escondido.

 

MARÍA - Sí, estaba escondido, Víctor… en el altillo, encerrado entre otras cosas inservibles.

 

VÍCTOR - Está muerto, María.

 

Suena "Wenn dein Mutterlein" (Mahler). Silencio. Se oirá llamar al fonoporta, un pitido largo, impertinente…

 

 

MARÍA - Deben ser ellos. Tendré que hacer la cena a mi padre… Súbelo arriba, Víctor. Es lo mejor.

 

VÍCTOR - Arriba… sí.

 

SALE María. Víctor acaricia el pequeño cadáver. Un largo silencio. Se sienta, la cabeza entre las manos. Se escucha ahora el televisor de casa. De nuevo ENTRA María, cerrará la puerta tras de sí, sigilosamente.

 

MARÍA - Aún está aquí …

 

VÍCTOR - No he podido… (...) ¿Se ha ido ya tu hermana?

 

MARÍA - Sí… Parece como si nada hubiera cambiado últimamente. Apenas unas palabras. Ni siquiera me ha preguntado cómo estoy. Sólo el tiempo justo de dejar a mi padre. (...) No quiere cenar todavía, está frente al televisor.

 

Silencio.

 

MARÍA - Víctor… Y si él lo mirase…

 

VÍCTOR - ¿Cómo?

 

MARÍA - Mi padre… ¿Y si mi padre lo mirase?

 

VICTOR - ¿Tu padre? No… no, de ningún modo. Esto es cosa nuestra. (...) Debemos dejarlo ahí… No podemos hacer nada.

 

MARÍA - Quizá si él lo mirase…

 

VÍCTOR - Está muerto, María. Está muerto.

 

MARÍA - No perderíamos nada.

 

VÍCTOR - No, por favor. No puedes meterlo en esto.

 

MARÍA - Pero él sabría lo que se debe hacer.

 

VÍCTOR - ¡No, María! ¡No puedes meterlo en esto! Lo único que se puede hacer es… es… dejarlo ahí. Esperar que esto jamás haya ocurrido.

 

Toma la caja y se dirige con decisión a la escalera.

 

MARÍA - ¡Aguarda!

 

VÍCTOR - No, María…

 

MARÍA - Espera…

 

Llamarán a la puerta.

 

VOZ - María, ¿estáis ahí?

 

MARÍA - Sí, papá… Déjanos un momento, por favor… enseguida estaremos contigo.

 

VOZ - ¿Ocurre algo? ¿Va todo bien?

 

MARÍA - Sí… todo va bien, papá… no ocurre nada. Enseguida pondré la cena.

 

VOZ - No, no tengo hambre… merendé en casa de tu hermana… ¿Todo bien entonces?

 

Ella abrirá la puerta lo imprescindible para salir. Aún así puede entreverse la silueta de un hombre en una silla de ruedas. SALE María.

 

VOZ - ¿Qué pasa? ¿Por qué estáis con la luz apagada?

 

MARÍA - (En off.) Vamos, padre… Pondremos algo de cena.

 

VOZ - ( Perdiéndose en el pasillo.) No, ya te digo, tomé unos pastelitos con tu hermana… No me apetece cenar todavía…

 

Silencio. Víctor coge la caja ominosa y sube la escalera. Pero se detiene impotente en lo alto y baja de nuevo. Volverá a colocarla sobre la mesa. Se deja caer en la silla. Tomará la Biblia en su regazo y permanecerá en silencio. Intentará leer algún pasaje, pero al poco desistirá, dejando el libro sobre la mesa. Vuelve a la caja, acariciando, no sin escrúpulo, el pequeño cadáver infante.

ENTRA María. Silencio.

 

VÍCTOR - No pude hacerlo.

 

MARÍA - Sal de aquí, Víctor. Come un poco. Habla con mi padre.

 

VÍCTOR - ¿Para qué? Si pudiera olvidar que existe este cuarto… Si pudiera estar en otro sitio, contigo, María… Ah, ¿qué podemos hacer?

 

MARÍA - No sé… (...) ¿Tú crees que éramos felices?

 

VÍCTOR - Sí. Todo era distinto hace una hora. Nos queremos. Llevamos mucho tiempo juntos, María… Y a pesar de la enfermedad… Sí, creo que éramos felices. Tendremos que olvidar de nuevo.

MARÍA - No va a ser fácil.

 

VICTOR - No.

 

María va junto a Víctor y permanecen un tiempo abrazados.

 

VÍCTOR - No he podido dejarlo arriba…

 

MARÍA - No te preocupes. Yo lo haré.

 

VÍCTOR - No creo que podamos, María. Sólo de pensarlo se me encoge el alma. Dejarlo ahí, solo… abandonado…

 

MARÍA - Ya lo hicimos una vez.

 

VÍCTOR - Sí… Y pudimos olvidar. Pero ahora…

 

María se acerca a la caja y saca de ella el pequeño cuerpo. Lo contempla un minuto y luego lo estrecha en su pecho. Mientras cambia la luz, suena "Quando corpus morietur" (Pergolesi)

 

MARÍA - ¿Cuánto hace? ¿Qué edad tiene ahora, Víctor?

 

VÍCTOR - No lo sé…

 

MARÍA - (Muy afligida.) Quizá debería ir al colegio…

 

VÍCTOR - Tal vez… ¡Pero déjalo ahí! No lo toques… Está muerto, María. ¡Está muerto!

 

MARÍA - (Enajenada.) Debería ir al colegio, jugar con los amigos… Sí, tendrá muchos amiguitos… que celebran las fiestas de cumpleaños… y coleccionan cromos…, que intercambian, y pegan en albumes… de futbolistas… y de animales salvajes…

 

VICTOR - Está muerto, María. (Pausa.)

 

MARÍA - ¿Sí? No sé… a veces nos podemos equivocar, Víctor, a veces creemos lo que no es… Ah, coge la Biblia, cógela… ábrela por la cinta… (El otro lo hace) Donde está marcado a lápiz, Víctor…

 

VÍCTOR -(Tras una pausa, leyendo.) …Tu hija ha muerto, ¿por qué molestas al maestro? Pero Jesús, oyendo a los que hablaban, dijo al jefe de la sinagoga: deja de temer, basta que creas…

 

MARÍA - Sigue. ¿Por qué te paras?

 

VÍCTOR - …Al llegar a la casa del jefe de la sinagoga, Jesús vio el alboroto y la presencia de los que lloraban y daban gritos, y dijo: ¿Por qué lloráis y alborotáis así? La niña no está muerta, sino dormida… y entró donde estaba la niña. Y tomándola de la mano, le dijo: "Talitha Kumi", que significa: muchacha, yo te lo digo, ¡levántate! Al momento, la niña se levantó y echó a andar, pues tenía doce años…

 

MARÍA - ¿Has visto?

 

Víctor se acerca y le toma el cuerpo de los brazos.

 

MARÍA - ¿Has visto? (...) Míralo… Parece que ya no tiene frío… Parece que le vuelve el color a las mejillas…. Podemos… podemos avisar a mi padre, Víctor… Él podría mirarlo.

 

VICTOR - No, María. Tú padre no sabe nada… y él está muerto.

 

MARÍA - Mi padre es médico, Víctor… Quizá si él lo mirase…

 

VÍCTOR - ¿Qué?

 

MARÍA - Podría decirnos… qué hemos de hacer.

 

VÍCTOR - Qué hemos de hacer… Dejarlo arriba, cerrar ese armario, salir del cuarto… esperar que todo esto no haya sucedido nunca.

 

MARÍA - (Cogiéndole otra vez el cuerpo.) No… no podemos abandonarlo de nuevo… no… Él debería ir al colegio como todos los niños… debería jugar… y tener fiesta de cumpleaños… y coleccionar cromos de futbolistas y…

 

VÍCTOR - Está muerto, María.

 

MARÍA - ¿Sí? A veces ocurre que no se muere en realidad… y uno está como dormido… durante mucho tiempo, y…

 

VÍCTOR - (Ofreciendo sus brazos para tomar al niño.) Debemos salir de aquí, María… (...) Ahora ve con tu padre, yo me ocuparé de todo.

 

MARÍA - No, aguarda. Quiero estar aquí un poco más… Un poco más tan sólo…

 

Silencio. Se oyen voces en la calle, como de jóvenes que se divierten, un ruido de lata que se golpea y rueda, voces apagadas, alegres, indistintas…

 

MARÍA - Cierra la ventana.

 

VÍCTOR - Está cerrada.

 

MARÍA - ¿Qué hora es?

 

VÍCTOR - No lo sé… Tarde.

 

MARÍA - Sí… Mi padre se habrá quedado dormido frente al televisor. (Pausa. Por el niño.) ¿Crees que tendrá frío?

 

VÍCTOR - No, creo que no…

 

MARÍA - No… Ahora tiene las mejillas rosadas… (...) Cógelo, Víctor. Cógelo. (Le pasará el cuerpo.) ¿Lo ves? Tiene color en las mejillas, ¿verdad?

 

VÍCTOR - Sal a ver a tu padre, María. Quizá necesite algo.

 

MARÍA - Sí… tienes razón… Iré a ver si necesita algo.

 

SALE María. Víctor se arrodilla y lo deja en el suelo. Permanece junto a él, sentado sobre las piernas, enternecido. Se levanta y comienza a moverse con creciente agitación, hasta parecer presa de un ataque de histeria, o de pánico.

 

VÍCTOR - ¡Cómo pudo ocurrir1 ¡Cómo pudo haber ocurrido! Cómo… ¡cómo pudo haber ocurrido!

 

Anda aterrado por el cuarto repitiendo lo mismo. Hasta que abre la puerta, como agarrándose a un resquicio de vida.

 

VÍCTOR - ¡María! ¡María!... (Ella vendrá corriendo.) María, ¿dónde estabas?

 

MARÍA - Tranquilo, ¿qué te ocurre? Tranquilo, Víctor, por Dios…

 

VÍCTOR - María, no te vayas… Tengo mucho miedo, María.

 

MARÍA - Sí, Víctor… Tranquilo, estoy aquí, contigo… estamos juntos… Yo también tengo miedo.

 

VÍCTOR - ¿Qué es esto, María? Estábamos esperando a tu padre… Tu hermana tenía una cena… Íbamos a tomarnos un vino, María… ¿Qué es esto? ¿Qué es esto?

 

MARÍA - Es la muerte, Víctor.

 

VICTOR - ¿Por qué? ¿De dónde salió?

 

MARÍA - Estaba arriba. Olvidada. Como un hijo que tuvimos un día.

 

VICTOR - Un hijo… sí. Un hijo que tuvimos un día…

 

VOZ - ¿Qué pasa? ¿Por qué esos gritos?... ¿María, le ocurre algo a Víctor?

 

MARÍA - No. No pasa nada, padre. Déjanos un momento, no ocurre nada.

 

VOZ - ¿Estás segura?

 

MARÍA - Sí… Déjanos, por favor…

 

VOZ - (Alejándose de nuevo.) Está bien, hija… está bien…

 

VÍCTOR - Es tan hermoso… No debería estar ahí.

 

MARÍA - No… no debería.

 

VÍCTOR - Esa caja podrida… Nos habíamos olvidado de él, María. Nos habíamos olvidado.

 

MARÍA - Estaba muerto.

 

VÍCTOR - Sí… Y ahora ¿por qué está aquí?

 

MARÍA - No lo sé. Quizá nos necesita… O quizá lo necesitamos nosotros.

 

Silencio. El cuarto se ilumina ahora de potentes ráfagas azules. Un coche policial abajo. María se acerca a la ventana, como sonámbula, sin ninguna curiosidad consciente. Al poco cesan las ráfagas. De nuevo el lejano y machacón estudio en el violín. MARÍA toma al niño en sus brazos.

 

MARÍA - Todavía no sé de qué color… Siempre tiene los ojos cerrados.

VÍCTOR - Está muerto, María.

 

Suena "Nun seh´ich wohl…" (Mahler.)

 

MARÍA - No, no es verdad… Tiene pequeñas contracciones… Un sueño inquieto, sí… Ah, se ríe un instante… pero no, otra vez serio… Parece que gime… Está soñando algo desagradable…

 

VÍCTOR - Soñará que está muerto…

 

MARÍA - Ah, pobrecito… Deberíamos despertarle.

 

VÍCTOR se acerca al niño en brazos de María, acaricia sus manitas.

 

VÍCTOR - ¿Cuanto hace, María?

 

MARÍA - No sé… mucho tiempo.

 

VÍCTOR - Es tan hermoso…

 

MARÍA - Sí…

 

VÍCTOR - Tendrá nombre…

 

MARÍA - No sé… (...) Parece que ya no tiene frío…

 

VÍCTOR - No, no tiene.

 

MARÍA - Aunque a veces tiembla un poco…

 

VÍCTOR - Una ligera convulsión, María…

 

MARÍA - ¿Lo has notado, entonces?

 

VÍCTOR - Sí…

 

MARÍA - Debe estar soñando…

 

VÍCTOR - Sí…

 

Se abrirá la puerta, ENTRA PADRE en silla de ruedas. Es un viejo enjuto y terriblemente demacrado, como sacado de una postrimería. Tras un silencio, en que mira fijamente a los otros.

 

PADRE - Tenía que suceder… Tenía que suceder. Habéis vuelto a lo mismo… ¡Tenía que suceder! (…) Antes o después tenía que suceder…

 

MARÍA - Tienes que mirarlo, padre.

 

PADRE - ¿Mirarlo? No, nada de eso… Nada de eso. (Da media vuelta a la silla y va a salir.)

 

MARÍA - ¡Tienes que mirarlo!

 

PADRE - ¡Jamás! ¿Me oyes? ¡Nunca! ¡Nunca! Nunca… Lo siento, hija, pero eso no…

 

Todo movimiento se detiene. Hay un largo silencio.

 

MARÍA - Tienes que mirarlo, padre…

 

VÍCTOR - Sí… ese niño no está bien.

 

PADRE empuja la silla de ruedas y SALE de escena. Silencio. El bus llega a la parada y abre sus puertas de fuelle. El violín sigue sus monótonos arpegios… María y Víctor acarician al niño, parecen jugar con sus manitas.

 

MARÍA - ¿Crees que está enfermo, Víctor?

 

VÍCTOR - No lo sé… está raro.

 

MARÍA - ¿Fiebre?

 

VÍCTOR - No, no… Está frío. (Pausa.)

 

MARÍA - Víctor…

 

VÍCTOR - Sí….

 

MARÍA - ¿Qué harás con mis cenizas? (Pausa.)

 

VÍCTOR - ¿Qué quieres que haga?

MARÍA - No sé, me da igual… Solo tengo curiosidad…

 

VÍCTOR - No pensaba hablar de ello, si tú no lo sacabas… Creo que repetiré una excursión que hicimos varias veces, cuando éramos más jóvenes…

 

MARÍA - ¿A las fuentes del río?

 

VÍCTOR - Sí.

 

MARÍA - Es un lugar hermoso, Víctor… Gracias.

La silla de ruedas chisca de nuevo contra el suelo encerado. ENTRA Padre.

 

PADRE - Trae mis cosas, María. Miraré a ese niño.

 

MARÍA - Sí, papá… (SALE.)

 

PADRE - Cuídala, Víctor, quizá yo me vaya antes que ella…

 

VÍCTOR - Quizá ella no se vaya… todavía.

 

PADRE - ¡Ojalá, Víctor, ojalá..!

 

Silencio. Entrará María con el maletín de su padre.

 

PADRE - Ponlo en mis rodillas, Víctor. (A su hija.) Pásame el fonendo…

 

Lentamente quitará la venda amarillenta que envuelve el óvalo de su cara. Auscultará al niño en silencio. Se escuchan de nuevo los arpegios del violín, el bus que vuelve a su parada, el rugido de la cisterna, el apagado garleo del televisor en alguna parte…

 

Sobre el lento Oscuro Final se oirá quizá un infantil gemido.

 

 

FIN DE LA OBRA