STABAT MATER
Información
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Título: STABAT MATER
Autor: Francisco Pino
Número de actos: 1
Estrenado: No
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Personajes : VÍCTOR, MARÍA, su PADRE.
Músicas : Stabat Mater (Pergolesi) , Kindertotenlieder
(Mahler)
Introito :
Reflejo tal vez de otra distante, en la ventana un acerado fulgor rojo preludia el sosiego del ocaso.
Es un estrecho cuarto, que evidencia quizá cierto desorden y abandono.
Víctor no parece encontrar el libro que busca entre las baldas. Da sin embargo con otro olvidado, una pequeña Biblia que comienza a hojear con interés creciente. Toma asiento en algún sitio, absorto en la lectura.
Se oye que le llaman afuera. Pero él no lo advierte, pues camina ya cerca del Tigris, donde un pez enorme querrá devorar a Tobías.
Cargada de paquetes entra su mujer.
MARIA - Ah, estás aquí ¿No me has oído llamarte?
VÍCTOR - ¿Cómo?
MARÍA - Nada Creí que no te gustaba este cuarto, ¿qué haces aquí?
VÍCTOR - Pues entré buscando una historia y me entretuve con esto ¿recuerdas?
MARÍA - Claro Me la regalaste al poco de conocernos. Le tengo mucho cariño.
Deja los paquetes sobre la mesa auxiliar. Hojea la pequeña Biblia en las manos de Víctor.
MARÍA - Déjala donde estaba, eh, de vez en cuando me gusta echarle un vistazo. (...) ¿Vas a quedarte aquí?
VÍCTOR - Sólo un poco... Me he topado con Tobías, y quiero ver en qué acaba este viaje. Espérame fuera si quieres.
MARÍA - Bien ¿Ha llamado mi hermana?
VÍCTOR - No, no ha llamado nadie. (Pausa, mientras sigue leyendo.) ¿Por qué no preparas un vino?
MARÍA - ¿Un vino? Sí, está bien luego colocaré los paquetes. (Fijándose en el entorno antes de salir.) Oye, esto está hecho una pocilga.
VÍCTOR - ¿Sí?..
MARÍA - Sí, ya lo creo
SALE María. Largo silencio, mientras Víctor lee Cuando de nuevo ENTRA María con el aspirador y otros útiles de limpieza, Víctor cierra el libro resignadamente.
VÍCTOR - Dónde vas con todo eso
MARÍA - Voy a ordenar un poco el cuarto, Víctor Son diez minutos. Enseguida nos tomamos el vino.
VÍCTOR - ¿Y no puedes esperar a que venga mañana la chica? Sabes que no debes cansarte.
MARÍA - Bah, tonterías Será un momento. Quiero colocar eso en los armarios, pero ya imagino cómo estarán Anda, prepara tú el aperitivo si quieres, acabo enseguida.
VÍCTOR - No, no Trae, déjame a mí
Víctor conecta el aspirador y lo va arrastrando por el piso, mientras María pone orden en la pieza, saca y vuelve a colocar algunas cosas del armario.
MARÍA - Víctor
VÍCTOR - Sí
MARÍA - ¿Puedes traerme la escalera?
VÍCTOR - ¿Para qué quieres la escalera?
MARÍA - (Indicando el altillo.) Me gustaría guardar ahí esos paquetes. (...) A este cuarto hay que darle un giro, eh... Los armarios están muy desaprovechados. Tendríamos que hacer una buena limpieza en profundidad.
VÍCTOR - Ah, sí
MARÍA - Sí. Pero no ahora, no te preocupes. Tal vez otro día...
VÍCTOR - Eres imposible. En fin ¿La escalera?
MARÍA - Si me haces el favor
Sale Víctor. María va junto a la ventana, algo pensativa, mira abajo. Se escucha una vieja cisterna de baño, un teléfono distante. Silencio. Entrará Víctor con una escalera de mano, poniéndola bajo el altillo.
VÍCTOR - ¿Aquí?
MARÍA - Sí, déjala ahí. (...) Y dices que no ha llamado mi hermana
VÍCTOR - No, no ha llamado. Ya te he dicho que no ha llamado.
MARÍA - Sí, qué raro Supongo que traerá a mi padre a las nueve.
VÍCTOR - Pues no lo sé. ¿En qué quedasteis?
MARÍA - En que lo dejarían aquí temprano, tienen una cena.
VÍCTOR - ¿Otra? No se dan un respiro, eh. Luego el gotoso de tu cuñado se quejará amargamente de su lamentable condición.
MARÍA - Sí. Allá cada cual Anda, termina con la aspiradora.
VICTOR - ¿No quieres que me suba arriba?
MARÍA - No, primero termina con eso.
VÍCTOR - Está bien
Limpian los dos en silencio. Luego Víctor apaga el aspirador junto a una alfombra enrollada.
VÍCTOR - Oye, ¿qué hacemos con la alfombra?
MARÍA - La dejaremos en la terraza. Mañana diré a la chica que la limpie.
VÍCTOR - ¿Quieres que le pase ahora el aspirador?
MARÍA - No, no mañana lo hará Luci.
VÍCTOR - ¿La saco afuera entonces?
MARÍA - Sí
SALE Víctor con la alfombra. Un viejo bus se oye ascender jadeante hasta la parada cercana, abrir sus puertas de fuelle en un chirrido exhausto. María termina de ordenar abajo y sube a la escalera. Manipula un poco en el altillo. Luego quedará impresionada por algo que ha visto en su interior. Conmocionada. ENTRA Víctor.
VÍCTOR - Oye, y esos otros paquetes de fuera Has hecho una buena compra, eh ¿Te has acordado de mí? Necesitaba un par de camisas.
Silencio. María no responde.
VÍCTOR - María ¡María!
Silencio. Víctor se acerca a la escalera.
MARÍA - (Estremecida, tenebrosa.) ¿Sabes lo que hay aquí?
También Víctor parece ahora súbitamente perturbado. Se lleva las manos a la cabeza, recordando, con creciente espanto. Su semblante empalidece. Se apoya o toma asiento en cualquier sitio Cambian las luces mientras suena el "Stabat mater dolorosa" (Pergolesi.)
MARÍA - (Más afligida.) ¿Sabes lo que hay aquí?
Silencio.
VÍCTOR - (Con irremediable pavor.) María Vamos, salgamos fuera. (Pausa.)
MARÍA - Sí lo sabes . Lo sabes.
VÍCTOR - Baja de ahí, María Cierra el armario y salgamos de aquí. Vamos, María
MARÍA - No puedo Es tarde.
VÍCTOR - Hazme caso, por favor Baja de ahí.
MARÍA - Sabes lo que es
VICTOR - Sí he recordado. (...) Pero no es posible, verdad No es posible que todo regrese de nuevo.
Silencio. Abatido, Víctor se deja caer en una silla, la cabeza entre las manos.
VÍCTOR - Bájalo.
MARÍA - Sí
Trémula, María desciende con una caja de cartón medio podrida. Dentro, telas de viejos, primorosos, encajes; enmohecidas ahora, acartonadas, de un pálido y yerto amarillo, que son el prólogo ineluctable de aquello que envuelven: una carita mofletuda y sin vida.
VÍCTOR - Maldita sea Qué hemos hecho, María qué hemos hecho para llegar aquí
Silencio. Ella acaricia el rostro sin vida.
MARÍA - Míralo, Víctor es él. No ha pasado el tiempo.
Lo pone sobre una pequeña mesa auxiliar, casi en el centro del cuarto. Silencio. Víctor se levanta al fin y lo mira emocionado.
VÍCTOR - Es hermoso. (...) ¿Por qué ahora nos sucede esto?
MARÍA - No lo sé. No lo sé Ha sido culpa mía. La costumbre idiota de ponerlo todo patas arriba
VÍCTOR - Por qué Una maldita casualidad, María Habíamos logrado, al fin el olvido.
MARÍA - Sí (...) ¿Qué haremos ahora, Víctor?
VÍCTOR - No lo sé Todo es tan terrible Ese cuerpo pertenece a la tierra. Jamás debimos hurtárselo.
MARÍA - Es mi hijo.
VÍCTOR - Jamás debimos hurtárselo, María.
Silencio.
MARÍA - ¿Está muerto?
VÍCTOR - Sí.
Silencio. Lejanamente se oye una música de violín, la machacona repetición incansable de algún pasaje de estudio... Víctor coge la caja y va a la escalera.
MARÍA - ¿Adónde vas?
VÍCTOR - Lo pondremos ahí de nuevo.
MARÍA - ¡Espera! Déjame que lo mire una vez más Una vez más tan sólo.
Va junto al niño, acaricia su carita.
MARÍA - Tiene frío.
VÍCTOR - Sí
MARÍA - Déjalo aquí un poco más. Lo velaremos esta noche.
VÍCTOR - No, María. Tu padre vendrá pronto. Ahora debemos salir del cuarto, comenzar a olvidar de nuevo.
MARÍA - Tiene frío Está helado.
Víctor otra vez lo deja sobre la mesa. María se arrodilla junto a él. También Víctor se sienta en el suelo junto a la caja. Silencio.
VÍCTOR - ¿Cuánto hace que está ahí arriba?
MARÍA - No sé Mucho tiempo.
VÍCTOR - Sí
MARÍA - Está tan frío
VÍCTOR - Está muerto, María.
Silencio.
MARÍA - ¿Qué haremos ahora?
VÍCTOR - No lo sé. Deberíamos dejarlo ahí de nuevo O quizás no No lo sé, María.
Silencio. Se escucha el apagado garleo de un televisor en alguna parte.
MARÍA - ¿Cómo ha ocurrido? ¿Cómo ha podido pasar?
VÍCTOR - No lo sé. ¡No lo sé! ¡Maldita sea! Una absurda casualidad Estábamos limpiando
MARÍA - Sí ( ) ¿Y una absurda casualidad nos puede cambiar la vida de este modo?
VICTOR - (Acariciando también al pequeño.) Sí es tan hermoso
MARÍA - Sí (...) Hace frío aquí ¿otra vez la calefacción?
VÍCTOR - No, María, somos nosotros El frío lo llevamos dentro. (Pausa.)
MARÍA - Cómo pudo ocurrir
VÍCTOR - No lo sé, estábamos limpiando.
MARÍA - Sí Él estaba en el altillo solo, quieto Estaba escondido.
VÍCTOR - Deberíamos dejarlo allí de nuevo.
MARÍA - No. Tiene frío, está helado.
VÍCTOR - Está muerto, María.
MARÍA - Muerto sí
Silencio. Como antes, el bus y sus puertas de fuelle se oyen abajo.
VÍCTOR - ¿Has limpiado el cristal de la mesa?
MARÍA - No.
Víctor se levanta, deja la caja en el suelo y luego frota la mesa con un paño y limpiacristales.
VÍCTOR - Mejor así (Vuelve a poner la caja sobre la mesa.)
MARÍA - ¿Qué haremos ahora? ¿Qué vamos a hacer, Víctor?
VÍCTOR - No sé Ni siquiera sé si de nuevo será posible el olvido.
MARÍA - Es tan hermoso
VÍCTOR - Pero está muerto.
MARÍA - Sí (...) ¿Por qué estaba escondido?
VÍCTOR - No. No estaba escondido.
MARÍA - Sí, estaba escondido, Víctor en el altillo, encerrado entre otras cosas inservibles.
VÍCTOR - Está muerto, María.
Suena "Wenn dein Mutterlein" (Mahler). Silencio. Se oirá llamar al fonoporta, un pitido largo, impertinente
MARÍA - Deben ser ellos. Tendré que hacer la cena a mi padre Súbelo arriba, Víctor. Es lo mejor.
VÍCTOR - Arriba sí.
SALE María. Víctor acaricia el pequeño cadáver. Un largo silencio. Se sienta, la cabeza entre las manos. Se escucha ahora el televisor de casa. De nuevo ENTRA María, cerrará la puerta tras de sí, sigilosamente.
MARÍA - Aún está aquí
VÍCTOR - No he podido (...) ¿Se ha ido ya tu hermana?
MARÍA - Sí Parece como si nada hubiera cambiado últimamente. Apenas unas palabras. Ni siquiera me ha preguntado cómo estoy. Sólo el tiempo justo de dejar a mi padre. (...) No quiere cenar todavía, está frente al televisor.
Silencio.
MARÍA - Víctor Y si él lo mirase
VÍCTOR - ¿Cómo?
MARÍA - Mi padre ¿Y si mi padre lo mirase?
VICTOR - ¿Tu padre? No no, de ningún modo. Esto es cosa nuestra. (...) Debemos dejarlo ahí No podemos hacer nada.
MARÍA - Quizá si él lo mirase
VÍCTOR - Está muerto, María. Está muerto.
MARÍA - No perderíamos nada.
VÍCTOR - No, por favor. No puedes meterlo en esto.
MARÍA - Pero él sabría lo que se debe hacer.
VÍCTOR - ¡No, María! ¡No puedes meterlo en esto! Lo único que se puede hacer es es dejarlo ahí. Esperar que esto jamás haya ocurrido.
Toma la caja y se dirige con decisión a la escalera.
MARÍA - ¡Aguarda!
VÍCTOR - No, María
MARÍA - Espera
Llamarán a la puerta.
VOZ - María, ¿estáis ahí?
MARÍA - Sí, papá Déjanos un momento, por favor enseguida estaremos contigo.
VOZ - ¿Ocurre algo? ¿Va todo bien?
MARÍA - Sí todo va bien, papá no ocurre nada. Enseguida pondré la cena.
VOZ - No, no tengo hambre merendé en casa de tu hermana ¿Todo bien entonces?
Ella abrirá la puerta lo imprescindible para salir. Aún así puede entreverse la silueta de un hombre en una silla de ruedas. SALE María.
VOZ - ¿Qué pasa? ¿Por qué estáis con la luz apagada?
MARÍA - (En off.) Vamos, padre Pondremos algo de cena.
VOZ - ( Perdiéndose en el pasillo.) No, ya te digo, tomé unos pastelitos con tu hermana No me apetece cenar todavía
Silencio. Víctor coge la caja ominosa y sube la escalera. Pero se detiene impotente en lo alto y baja de nuevo. Volverá a colocarla sobre la mesa. Se deja caer en la silla. Tomará la Biblia en su regazo y permanecerá en silencio. Intentará leer algún pasaje, pero al poco desistirá, dejando el libro sobre la mesa. Vuelve a la caja, acariciando, no sin escrúpulo, el pequeño cadáver infante.
ENTRA María. Silencio.
VÍCTOR - No pude hacerlo.
MARÍA - Sal de aquí, Víctor. Come un poco. Habla con mi padre.
VÍCTOR - ¿Para qué? Si pudiera olvidar que existe este cuarto Si pudiera estar en otro sitio, contigo, María Ah, ¿qué podemos hacer?
MARÍA - No sé (...) ¿Tú crees que éramos felices?
VÍCTOR - Sí. Todo era distinto hace una hora. Nos queremos. Llevamos mucho tiempo juntos, María Y a pesar de la enfermedad Sí, creo que éramos felices. Tendremos que olvidar de nuevo.
MARÍA - No va a ser fácil.
VICTOR - No.
María va junto a Víctor y permanecen un tiempo abrazados.
VÍCTOR - No he podido dejarlo arriba
MARÍA - No te preocupes. Yo lo haré.
VÍCTOR - No creo que podamos, María. Sólo de pensarlo se me encoge el alma. Dejarlo ahí, solo abandonado
MARÍA - Ya lo hicimos una vez.
VÍCTOR - Sí Y pudimos olvidar. Pero ahora
María se acerca a la caja y saca de ella el pequeño cuerpo. Lo contempla un minuto y luego lo estrecha en su pecho. Mientras cambia la luz, suena "Quando corpus morietur" (Pergolesi)
MARÍA - ¿Cuánto hace? ¿Qué edad tiene ahora, Víctor?
VÍCTOR - No lo sé
MARÍA - (Muy afligida.) Quizá debería ir al colegio
VÍCTOR - Tal vez ¡Pero déjalo ahí! No lo toques Está muerto, María. ¡Está muerto!
MARÍA - (Enajenada.) Debería ir al colegio, jugar con los amigos Sí, tendrá muchos amiguitos que celebran las fiestas de cumpleaños y coleccionan cromos , que intercambian, y pegan en albumes de futbolistas y de animales salvajes
VICTOR - Está muerto, María. (Pausa.)
MARÍA - ¿Sí? No sé a veces nos podemos equivocar, Víctor, a veces creemos lo que no es Ah, coge la Biblia, cógela ábrela por la cinta (El otro lo hace) Donde está marcado a lápiz, Víctor
VÍCTOR -(Tras una pausa, leyendo.) Tu hija ha muerto, ¿por qué molestas al maestro? Pero Jesús, oyendo a los que hablaban, dijo al jefe de la sinagoga: deja de temer, basta que creas
MARÍA - Sigue. ¿Por qué te paras?
VÍCTOR - Al llegar a la casa del jefe de la sinagoga, Jesús vio el alboroto y la presencia de los que lloraban y daban gritos, y dijo: ¿Por qué lloráis y alborotáis así? La niña no está muerta, sino dormida y entró donde estaba la niña. Y tomándola de la mano, le dijo: "Talitha Kumi", que significa: muchacha, yo te lo digo, ¡levántate! Al momento, la niña se levantó y echó a andar, pues tenía doce años
MARÍA - ¿Has visto?
Víctor se acerca y le toma el cuerpo de los brazos.
MARÍA - ¿Has visto? (...) Míralo Parece que ya no tiene frío Parece que le vuelve el color a las mejillas . Podemos podemos avisar a mi padre, Víctor Él podría mirarlo.
VICTOR - No, María. Tú padre no sabe nada y él está muerto.
MARÍA - Mi padre es médico, Víctor Quizá si él lo mirase
VÍCTOR - ¿Qué?
MARÍA - Podría decirnos qué hemos de hacer.
VÍCTOR - Qué hemos de hacer Dejarlo arriba, cerrar ese armario, salir del cuarto esperar que todo esto no haya sucedido nunca.
MARÍA - (Cogiéndole otra vez el cuerpo.) No no podemos abandonarlo de nuevo no Él debería ir al colegio como todos los niños debería jugar y tener fiesta de cumpleaños y coleccionar cromos de futbolistas y
VÍCTOR - Está muerto, María.
MARÍA - ¿Sí? A veces ocurre que no se muere en realidad y uno está como dormido durante mucho tiempo, y
VÍCTOR - (Ofreciendo sus brazos para tomar al niño.) Debemos salir de aquí, María (...) Ahora ve con tu padre, yo me ocuparé de todo.
MARÍA - No, aguarda. Quiero estar aquí un poco más Un poco más tan sólo
Silencio. Se oyen voces en la calle, como de jóvenes que se divierten, un ruido de lata que se golpea y rueda, voces apagadas, alegres, indistintas
MARÍA - Cierra la ventana.
VÍCTOR - Está cerrada.
MARÍA - ¿Qué hora es?
VÍCTOR - No lo sé Tarde.
MARÍA - Sí Mi padre se habrá quedado dormido frente al televisor. (Pausa. Por el niño.) ¿Crees que tendrá frío?
VÍCTOR - No, creo que no
MARÍA - No Ahora tiene las mejillas rosadas (...) Cógelo, Víctor. Cógelo. (Le pasará el cuerpo.) ¿Lo ves? Tiene color en las mejillas, ¿verdad?
VÍCTOR - Sal a ver a tu padre, María. Quizá necesite algo.
MARÍA - Sí tienes razón Iré a ver si necesita algo.
SALE María. Víctor se arrodilla y lo deja en el suelo. Permanece junto a él, sentado sobre las piernas, enternecido. Se levanta y comienza a moverse con creciente agitación, hasta parecer presa de un ataque de histeria, o de pánico.
VÍCTOR - ¡Cómo pudo ocurrir1 ¡Cómo pudo haber ocurrido! Cómo ¡cómo pudo haber ocurrido!
Anda aterrado por el cuarto repitiendo lo mismo. Hasta que abre la puerta, como agarrándose a un resquicio de vida.
VÍCTOR - ¡María! ¡María!... (Ella vendrá corriendo.) María, ¿dónde estabas?
MARÍA - Tranquilo, ¿qué te ocurre? Tranquilo, Víctor, por Dios
VÍCTOR - María, no te vayas Tengo mucho miedo, María.
MARÍA - Sí, Víctor Tranquilo, estoy aquí, contigo estamos juntos Yo también tengo miedo.
VÍCTOR - ¿Qué es esto, María? Estábamos esperando a tu padre Tu hermana tenía una cena Íbamos a tomarnos un vino, María ¿Qué es esto? ¿Qué es esto?
MARÍA - Es la muerte, Víctor.
VICTOR - ¿Por qué? ¿De dónde salió?
MARÍA - Estaba arriba. Olvidada. Como un hijo que tuvimos un día.
VICTOR - Un hijo sí. Un hijo que tuvimos un día
VOZ - ¿Qué pasa? ¿Por qué esos gritos?... ¿María, le ocurre algo a Víctor?
MARÍA - No. No pasa nada, padre. Déjanos un momento, no ocurre nada.
VOZ - ¿Estás segura?
MARÍA - Sí Déjanos, por favor
VOZ - (Alejándose de nuevo.) Está bien, hija está bien
VÍCTOR - Es tan hermoso No debería estar ahí.
MARÍA - No no debería.
VÍCTOR - Esa caja podrida Nos habíamos olvidado de él, María. Nos habíamos olvidado.
MARÍA - Estaba muerto.
VÍCTOR - Sí Y ahora ¿por qué está aquí?
MARÍA - No lo sé. Quizá nos necesita O quizá lo necesitamos nosotros.
Silencio. El cuarto se ilumina ahora de potentes ráfagas azules. Un coche policial abajo. María se acerca a la ventana, como sonámbula, sin ninguna curiosidad consciente. Al poco cesan las ráfagas. De nuevo el lejano y machacón estudio en el violín. MARÍA toma al niño en sus brazos.
MARÍA - Todavía no sé de qué color Siempre tiene los ojos cerrados.
VÍCTOR - Está muerto, María.
Suena "Nun seh´ich wohl " (Mahler.)
MARÍA - No, no es verdad Tiene pequeñas contracciones Un sueño inquieto, sí Ah, se ríe un instante pero no, otra vez serio Parece que gime Está soñando algo desagradable
VÍCTOR - Soñará que está muerto
MARÍA - Ah, pobrecito Deberíamos despertarle.
VÍCTOR se acerca al niño en brazos de María, acaricia sus manitas.
VÍCTOR - ¿Cuanto hace, María?
MARÍA - No sé mucho tiempo.
VÍCTOR - Es tan hermoso
MARÍA - Sí
VÍCTOR - Tendrá nombre
MARÍA - No sé (...) Parece que ya no tiene frío
VÍCTOR - No, no tiene.
MARÍA - Aunque a veces tiembla un poco
VÍCTOR - Una ligera convulsión, María
MARÍA - ¿Lo has notado, entonces?
VÍCTOR - Sí
MARÍA - Debe estar soñando
VÍCTOR - Sí
Se abrirá la puerta, ENTRA PADRE en silla de ruedas. Es un viejo enjuto y terriblemente demacrado, como sacado de una postrimería. Tras un silencio, en que mira fijamente a los otros.
PADRE - Tenía que suceder Tenía que suceder. Habéis vuelto a lo mismo ¡Tenía que suceder! ( ) Antes o después tenía que suceder
MARÍA - Tienes que mirarlo, padre.
PADRE - ¿Mirarlo? No, nada de eso Nada de eso. (Da media vuelta a la silla y va a salir.)
MARÍA - ¡Tienes que mirarlo!
PADRE - ¡Jamás! ¿Me oyes? ¡Nunca! ¡Nunca! Nunca Lo siento, hija, pero eso no
Todo movimiento se detiene. Hay un largo silencio.
MARÍA - Tienes que mirarlo, padre
VÍCTOR - Sí ese niño no está bien.
PADRE empuja la silla de ruedas y SALE de escena. Silencio. El bus llega a la parada y abre sus puertas de fuelle. El violín sigue sus monótonos arpegios María y Víctor acarician al niño, parecen jugar con sus manitas.
MARÍA - ¿Crees que está enfermo, Víctor?
VÍCTOR - No lo sé está raro.
MARÍA - ¿Fiebre?
VÍCTOR - No, no Está frío. (Pausa.)
MARÍA - Víctor
VÍCTOR - Sí .
MARÍA - ¿Qué harás con mis cenizas? (Pausa.)
VÍCTOR - ¿Qué quieres que haga?
MARÍA - No sé, me da igual Solo tengo curiosidad
VÍCTOR - No pensaba hablar de ello, si tú no lo sacabas Creo que repetiré una excursión que hicimos varias veces, cuando éramos más jóvenes
MARÍA - ¿A las fuentes del río?
VÍCTOR - Sí.
MARÍA - Es un lugar hermoso, Víctor Gracias.
La silla de ruedas chisca de nuevo contra el suelo encerado. ENTRA Padre.
PADRE - Trae mis cosas, María. Miraré a ese niño.
MARÍA - Sí, papá (SALE.)
PADRE - Cuídala, Víctor, quizá yo me vaya antes que ella
VÍCTOR - Quizá ella no se vaya todavía.
PADRE - ¡Ojalá, Víctor, ojalá..!
Silencio. Entrará María con el maletín de su padre.
PADRE - Ponlo en mis rodillas, Víctor. (A su hija.) Pásame el fonendo
Lentamente quitará la venda amarillenta que envuelve el óvalo de su cara. Auscultará al niño en silencio. Se escuchan de nuevo los arpegios del violín, el bus que vuelve a su parada, el rugido de la cisterna, el apagado garleo del televisor en alguna parte
Sobre el lento Oscuro Final se oirá quizá un infantil gemido.
FIN DE LA OBRA