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Vals
o la bailarina desventurada

Marcelo Bertuccio

 

Personajes
Ventura, bailarina
Andrea Sol y Andrea Luz, gemelos

Espacio
El Castillo, búnker, basural

A Bernardo Cappa y a Ítalo Díaz.

 

UN

1

Ventura.

La danza de la bailarina francesa Ingrid, invitada al castillo, y de los hermanos Fabricio y Humberto.

Fui invitada a El Castillo
aún no se bien por qué.
Un joven un poco esquivo
hasta mi casa llegó
con un sobre llamativo
que, elegante, contenía
un papelito amarillo
escrito con finas letras.
Sobre mí cayó un hechizo
de tamaña magnitud
que, exaltando mi lirismo,
hizo un agujero en mi pecho,
donde llevo el crucifijo,
que del corazón no pudo
escuchar ya ni un latido;
pues no estaba en su lugar;
estaba ya en El Castillo.
Con alas de ciega ave
mi amor por el amor mismo
allí lo había llevado.
Pues en esa invitación
(ay no haberla nunca visto)
bajo la firma escribía
el firmante un acertijo:
"La pasión carcome el alma
de uno que es dél el mellizo,
cuál de los dos gozará
de tu talento pulido".
En la firma pude ver
que me invitaba Fabricio,
tan galante, tan hermoso,
tan inasible, tan frío,
aunque tan muerto también,
porque de modo preciso
pude enterarme hace un tiempo
que está desaparecido
y que nadie nunca supo
qué fue dél y de su sino.
Cómo hacer. Cómo enterarme
del verdadero motivo
por el cual algún sujeto
puso el nombre del occiso,
como firma, en el umbral
del papelito amarillo.
No acierto a saber quién fue.
No ha de haber sido el mellizo,
porque él no es como el muerto,
peligroso y pervertido;
es también muy elegante,
pero amable, leal, sumiso,
y hasta me atrevo a decir,
sin que sea esto ofensivo,
que a mis ojos pareciera
hasta un poco femenino.
Y aquí estoy, sin saber bien
si ir o no ir al Castillo,
puestas estas confusiones
en ese sobre leonino.
Si está muerto o no está muerto
nadie lo da por sabido,
pero es seguro que está
de verdad desparecido.
Si voy a la fiesta, sola,
dejando a un lado melindros,
quién sabe si volveré
o me morderá un vampiro.
Si no voy, será la duda
quien grite sin fin su himno,
día y noche, noche y día,
sin encontrar paliativo.
Entonces voy, decidida;
hacia allí estoy en camino,
y que los dioses ayuden
(si es que hay dioses, como estimo)
a esta pobre bailarina
(hasta ahora no lo he dicho)
que bailará sin saber
dónde quedó su albedrío.

 

2

Ventura.

Todos sonríen. Fingen ser felices. Murmullos amables. La voz de un viejo actor se destaca. La voz cascada y borrascosa que alguna vez fue bella. Desconocidos que se saludan con obsecuencia. Conocidos que no se saludan. Huele a conspiración. Yo soy Ventura. Ventura tapada, aplastada, invitada contra mi voluntad. Alta presión. Las manos tiemblan. Taquicardia. La cabeza está por estallar. Alguien dice El guión me pareció retórico. Su voz la traiciona. Su voz dice No sé qué estoy diciendo. Y también dice su voz Debo creer en lo que estoy diciendo de cualquier manera. Cada vez más gente. Apenas se puede respirar. Todos mienten. Yo soy Ventura, que no quiere estar acá. Yo soy Ventura, con unas irrefrenables ganas de gritar. Qué habría sido de Ventura si no hubiera tomado el sedante antes de salir. Todos saben que saben más que los demás. Que sólo ellos, y no los otros, van a comprender lo que la bailarina baile, y van a disfrutarlo, o no, y van a dictaminar si sirve o no, y todos van a tener una sola opinión, la del que opinó primero, la del valiente. Qué podrá hacer Ventura para bailar en estas condiciones. Yo soy Ventura, que no quiere bailar ahora, aquí. Si apenas puede mantenerse en pie, si apenas puede respirar, si se le nublan los ojos. El inmenso lugar ya resulta pequeño. Difícil esconderse. A la entrada, alguien a quien ella conoce pero no la saluda, le entregó un número y un alfiler. Y, además, no le dijo nada. No le dijo para qué el número y el alfiler. Pretenderán acaso que tengamos la posibilidad de una lucha alfiler a alfiler. Delicadas dagas. O quizá un simulacro de suicidio para las Venturas desesperadas, desventuradas, si es que hay más de una, si es que hay otra además de ella. Yo soy Ventura. Ventura es una desconocida. Nadie le habla. Nadie la mira cuando ella mira. Todos saben todo de todos. Todos comparten un secreto que ella desconoce. Yo soy Ventura, la desconocida. Pero no me voy. Algo, algo poderoso, aunque no del todo reconocido, la retiene. Yo soy Ventura, encarcelada. Los que hablan más alto que los demás. Los que reclaman atención. Los que quieren que Ventura se entere, contra su arbitrio, de que son superiores. Yo soy Ventura, que los degollaría con sus uñas. Pero estoy muerta. Porque ellos creen que estoy muerta. Y extirpan mi cerebro para estudiarlo. Para enterarse de qué hay en el cerebro de una bailarina que no puede bailar, porque está muerta.

 

3

Andrea Sol.

Bienvenida a El Castillo, señorita.

 

Ventura.

Gracias, señor.

 

Andrea Sol.

Mi nombre es Andrea. El suyo.

 

Ventura.

Ventura, señor.

 

Andrea Sol.

Bien. Hechas las presentaciones del caso podemos ir al grano. Le parece bien.

 

Ventura.

Muy bien. Dónde me cambio.

 

Andrea Sol.

Todavía no.

Qué profesional.

Charlemos un rato.

 

Ventura.

La invitación dice que debo bailar en una fiesta.

 

Andrea Sol.

Sí, qué descortesía de mi parte. Una invitación que la intima a trabajar.

 

Ventura.

Me pareció una extraña invitación. Pero, no se preocupe, bailar no significa trabajo para mí.

 

Andrea Sol.

Supongo que estará acostumbrada a bailar gratis.

 

Ventura.

En el mejor de los casos.

 

Andrea Sol.

O bailará sola en su casa.

 

Ventura.

Digamos que sí.

 

Andrea Sol.

Y de qué vive entonces.

 

Ventura.

Doy algunas clases. Dos o tres alumnas.

 

Andrea Sol.

Ajá. Vive sola.

 

Ventura.

Con mamá. Mamá es profesora de piano.

 

Andrea Sol.

Qué interesante. Toca su mamá.

 

Ventura.

No. Ya no puede.

 

Andrea Sol.

Y en sus clases.

 

Ventura.

Cuento. O pongo un cassette.

 

Andrea Sol.

Cassette.

 

Ventura.

Sí, un cassette.

 

Andrea Sol.

Aquí va a bailar con orquesta.

 

Ventura.

Es lo que imaginé.

 

Andrea Sol.

Lo hizo alguna vez. Dicen que no es fácil.

 

Ventura.

No lo es. Pero espero lograr afinidad con el director en los ensayos.

 

Andrea Sol.

Ajá. Y si no lograse esa afinidad.

 

Ventura.

Eso no va a suceder.

 

Andrea Sol.

Segura de sí misma. Muy bien.

 

Ventura.

Gracias, señor.

 

Andrea Sol.

No tiene por qué. Ya sabe cuál es el pago.

 

Ventura.

No sé nada, señor.

 

Andrea Sol.

Va a cobrar. Mucho. Más el vestido. Además, puede comer y beber todo lo que quiera.

 

Ventura.

Está bien. Cuándo comienza la fiesta.

 

Andrea Sol.

Falta un poco.

 

Ventura.

Ya está decidido qué debo bailar.

 

Andrea Sol.

No tengo la menor idea, señorita. Supongo que vals.

 

Ventura.

Vals. Sola.

 

Andrea Sol.

Ya vamos a ver. Todo a su tiempo. Por ejemplo, ya es tiempo de tutearnos y de llamarnos por nuestros nombres respectivos. Te parece bien.

 

Ventura.

Querría saber algunas.

 

Andrea Sol.

Qué pasa. No tenemos ganas de trabajar.

 

Ventura.

Bailar no significa trabajo para mí.

 

Andrea Sol.

Por el esfuerzo o por el cobro.

 

Ventura.

Por las dos cosas.

 

Andrea Sol.

Hoy vas a cobrar. Mucho.

 

Ventura.

Sí. Gracias, señor.

 

Andrea Sol.

Señor no. Andrea. Y gracias tampoco. Es un intercambio.

 

Ventura.

Podría ver el espacio.

 

Andrea Sol.

Qué espacio.

 

Ventura.

Donde voy a bailar.

 

Andrea Sol.

Todavía no. Olvidemos la danza por un momento.

 

Ventura.

Como quieras.

 

Andrea Sol.

Lo que quiero es hablarte de mi proyecto para esta noche. No sólo quiero que bailes.

 

Ventura.

Yo no me desnudo.

 

Andrea Sol.

No necesito que te desnudes. No me interesa que te desnudes.

 

Ventura.

Disculpame, es que estoy nerviosa y el misterio me pone.

 

Andrea Sol.

Para ver una mujer desnuda pago menos de lo que te voy a pagar, y exijo mucho más de lo que sospecho que podés dar.

No vuelvas a interrumpirme, si querés que el trato que te dispense sea bueno.

 

Ventura.

Creo que, aunque te interrumpa, no.

 

Andrea Sol.

No me interrumpís, y basta. Si es muy importante interrumpir para vos, ya podés irte.

 

Ventura.

No, no es importante para nada, por supuesto.

 

Andrea Sol.

Es muy importante para mí que no me interrumpan. Y, mucho menos, mis empleados.

 

Ventura.

Está bien, no es tan grave. Yo lo único que quiero es.

 

Andrea Sol.

Sí, bailar, bailar, ya lo sé. Ahora no vamos a hablar de bailar. Y se habla conmigo sólo de lo que yo quiero hablar. Está claro.

 

Ventura.

Sí. Clarísimo.

 

Andrea Sol.

Ahora vas a escuchar para qué te contraté.

 

Ventura.

Además de bailar.

 

Andrea Sol.

Retirate, por favor. Lograste ponerme nervioso.

 

Ventura.

No es tan grave.

 

Andrea Sol.

Es grave para mí. Retirate.

 

Ventura.

A dónde voy.

 

Andrea Sol.

Buscá a algún empleado y pedile que te indique.

 

Ventura.

Me cambio, entonces.

 

Andrea Sol.

No. Retirate dije. No Cambiate. Retirate y no hagas nada más que retirarte. Me escuchaste bien.

 

Ventura.

Sí, escuché bien. Y qué hago. Me retiro y espero órdenes.

 

Andrea Sol.

Muy bien. Eso. Eso, querida Ventura. Eso y nada más. Fuera. Me tenés harto.

 

Ventura.

Hasta luego, señor.

 

4

Ventura.

Buen señor,
con perdón,
yo no sé
para qué
vine aquí.
Para mí
lo esencial
es bailar.
Pero hoy
lo que soy
no podré
ni sabré
demostrar.

 

Andrea Sol.

Ya verá,
de eso yo
con ardor
me ocupé.
La veré,
la verán,
y su afán
de mujer
carrusel
llegará,
en verdad,
sin razón,

 

Ventura.

No te interrumpas.

 

Andrea Sol.

No puedo bailar. Me canso. Mi cuerpo duele.

 

Ventura.

También el mío. Por eso bailo.

 

Andrea Sol.

Mi cuerpo grita. Me canso. Llora. Por él.

 

Ventura.

Él.

 

Andrea Sol.

Mi hermano. El hijo de mi madre. De su madre.

 

Ventura.

Bailaré para vos. Para que olvides.

 

Andrea Sol.

No te molestes. Es inútil. Voy a buscarlo.

 

Ventura.

Está muerto.

 

Andrea Sol.

Qué importancia tiene. No te dejes engañar, Ventura señorita. Salgo de este espacio. Cambio de lugar.

 

Ventura.

Elegir
en un vals
al viril
compañero
es puñal.
Y en mi ardor,
como un vals,
es mi sol
el que alumbra
su luz.
Un dos tres
un dos tres
un dos tres
un dos tres.

 

5

Andrea Sol.

Bailaste bastante mal, bailarina.

 

Ventura.

Es que en estas condiciones.

 

Andrea Sol.

Un artista no depende de las condiciones.

 

Ventura.

Es posible que yo no sea artista, pero tampoco bailo mal.

 

Andrea Sol.

Y, como si fuera poco, das clases. No entiendo.

 

Ventura.

Lamento que no te haya gustado lo que hice. Yo no me sentí bien. Y ahora me siento peor.

 

Andrea Sol.

Por suerte para vos, no te contraté para eso. En ese caso no te pagaría un centavo y estarías despedida.

 

Ventura.

Se puede mejorar. Lo que viste fue un ensayo. La fiesta todavía no empezó, después de todo.

 

Andrea Sol.

No vas a bailar. No voy a hacer un papelón.

 

Ventura.

Cómo que no voy a bailar.

 

Andrea Sol.

No. No vale la pena. Si fueses perfecta, podría haber sido. Pero estás muy lejos de eso.

 

Ventura.

Entonces.

 

Andrea Sol.

No te preocupes. El arancel será el mismo. Soy un buen tipo.

 

Ventura.

No me refería a eso. Me pregunto si deseo quedarme.

 

Andrea Sol.

Vas a quedarte. Estoy haciéndote un favor al no permitirte bailar. No conseguirías un solo alumno entre los presentes.

 

Ventura.

No te metas en mi vida. Mis alumnos son.

 

Andrea Sol.

Un momento, bailarina. Nadie me da órdenes. No olvides en ningún momento que sos mi empleada.

 

Ventura.

Está bien. Qué hago ahora.

 

Andrea Sol.

Vas a cambiarte la ropa.

 

Ventura.

Pero si no.

 

Andrea Sol.

No para bailar.

Ya tenés asignado un cuarto.

Y no te apures demasiado. Ajustá todos los detalles. Sos la invitada de honor. En cuanto estés lista comenzará la fiesta. No antes.

 

Ventura.

Mi invitación no sirve. Dice que debo bailar.

 

Andrea Sol.

No necesitás invitación alguna. Las invitadas de honor entran directamente, perdonando majestuosamente a todos los que se cruzan en su camino. Príncipes y lacayos. Nadie se atrevería a pedirte una tarjeta de invitación. Sos vulgar.

 

Ventura.

Soy bailarina, no dama de honor.

De qué época me estás hablando.

 

Andrea Sol.

De ésta, mi amor, de ésta. Sos la invitada a El Castillo, reducto señorial donde el tiempo, el espacio, las circunstancias y los límites, se esfuman y dan lugar a una sensación desconocida, novedosa, e inclasificable, como corresponde a los tiempos que corren. Viví la sensación del fin del siglo.

 

Ventura.

Eso es un ardid publicitario, creo yo.

 

Andrea Sol.

No me digas que también creés que los ardides son figuras excepcionales. Sos toda una pajuerana.

 

Ventura.

Soy bailarina, señor.

 

Andrea Sol.

En todo caso, te sacarán hermosos hombres, y dos o tres mujeres a las que dirás amorosamente que sí, a bailar unos cuantos valses y algunas polcas. Sabés danzas de salón, no.

 

6

Ventura.

En la luz
de este vals
giro yo
prisionera
de amor.
Es el sol
de algún vals
el albur
de una historia
fugaz.
Es a él
con un vals
a quien yo
desearía
tomar.
O es a él
con el vals
a quien voy.
Confundida
estoy.
Y es así
este vals,
frenesí,
de una vida
fatal.
Con su voz
y algún vals
él ganó
de mi vida
el amor.
Soy feliz,
bailo el vals,
para mí
la fortuna
y el mar.

 

Andrea Sol.

Disculpame que insista, pero qué feo bailás.

 

Ventura.

Hago lo que puedo.

Ordinario.

 

Andrea Sol.

Qué mal suena lo que podés.

 

Ventura.

No es lo que suena sino lo que se ve.

 

Andrea Sol.

No voy a discutir postulados estéticos con una bailarina.

Qué sabés de mi hermano.

 

Ventura.

Todavía nada. Y me estoy cansando un poco, si te interesa.

 

Andrea Sol.

No me interesa. A mi hermano, ya.

 

Ventura.

Quiero quedarme con vos.

 

Andrea Sol.

Me importa. Nada. Hacé lo que te ordeno.

 

Ventura.

No seas malito. Dejame quedarme con vos un ratito.

 

Andrea Sol.

Qué te pasa, Ventura. No te equivoques. Primero hablame de mi hermano. Después, en todo caso, charlaremos.

 

Ventura.

Cruel.

 

Andrea Sol.

Parece que te gusta.

 

Ventura.

Después, en todo caso, te lo digo.

 

7

Ventura.

No me hables mal de nadie.

 

Andrea Sol.

No te hablo mal. Es mi hermano. Veo que no tiene coraje, simplemente.

 

Ventura.

No me digas nada que no pueda repetir.

 

Andrea Sol.

Sos tan ingenua. O me estás tomando el pelo.

Mi hermano no tiene lo que hay que tener para ser un hombre. No es un eufemismo.

 

Ventura.

Todavía no me cambié, como podés ver. Espero órdenes.

 

Andrea Sol.

Sos arisca también. Necesito saber algo de mi hermano.

 

Ventura.

Me contrataste como espía, entonces.

 

Andrea Sol.

Como quieras.

 

Ventura.

Yo bailo, Andrea. Nada más.

 

Andrea Sol.

De qué vivís.

 

Ventura.

De alguna clase. De algún comercial. Te lo dije.

 

Andrea Sol.

Olvidaste mencionar lo del comercial. Te prostituís.

Prostituite conmigo.

 

Ventura.

La prostitución es otra cosa.

 

Andrea Sol.

Palabras.

 

Ventura.

Ustedes siempre utilizan el mismo argumento.

 

Andrea Sol.

Razón tenés. Pero ustedes tampoco quieren llamar a las cosas por sus nombres. Te llamé para que hagas la prostituta. Te voy a pagar para que averigües algo que debo saber de mi hermano, y para que bailes un poquito.

 

Ventura.

Me voy entonces.

 

Andrea Sol.

Adiós.

No seas tonta.

 

Ventura.

Qué querés saber.

 

Andrea Sol.

Tiempo al tiempo. No sabés nada de la intriga.

 

Ventura.

De qué.

 

Andrea Sol.

De la intriga.

 

Ventura.

Soy bailarina, Andrea.

 

8

Ventura.

QUÉ DULCE MODO TENÉS DE NO ESTAR
QUEDATE ASÍ CUANDO TE VAS
VOS LO DIJISTE
NUESTRO AMOR
FUE DESDE SIEMPRE UN NIÑO MUERTO
MON DIEU
MÊME SI J’AI TORT
LAISSEZ-LE-MOI
ENCORE
ME APAGASTE EN LA PIEL UN LUCERO
Y NO PUEDO LLORAR
SOS UNA FLOR, SOS UN CLAVEL
SOS UN DIBUJO PINTADO EN PAPEL
ESTE MOMENTO TE QUIERO
ESTE MOMENTO ES VERDAD
LAISSE-MOI DEVENIR
L’OMBRE DE TON OMBRE
L’OMBRE DE TA MAIN
L’OMBRE DE TON CHIEN
QUIZÁ EL AMOR TERMINE
O DIOSES DEL OLVIDO
LO DESTIERREN AL CINE
SI NECESITAS ALGO MÁS QUE CONFORMARTE
ESTAR CONTIGO O NO ESTAR CONTIGO ES LA MEDIDA DE MI TIEMPO
NE DEMANDE RIEN JE PLEURE C’EST TOUT
JE NE T’AIME PAS
Ô MON BIEN-AIMÉ RETIRE TA MAIN
JE NE T’AIME PAS

 

9

Andrea Sol.

Qué feo.

 

Ventura.

Terminala.

 

Andrea Sol.

Qué moditos la bailarina.

 

Ventura.

Es que me tenés harta, Andrea. Ya te dije que no estoy acostumbrada.

 

Andrea Sol.

A mí.

 

Ventura.

No. Tenés razón. Se lo dije a Andrea. Pero da igual. No estoy acostumbrada.

 

Andrea Sol.

Vamos a sincerarnos.

Vos sos mala actriz y yo soy mal actor.

 

Ventura.

No me trates así.

 

Andrea Sol.

No. No te trato.

 

10

Andrea Sol.

Fumo un cigarrillo. Saco primero del paquete el cigarrillo. Lo enciendo. Un cigarrillo. Un árbol en una foto. Una foto que se incendia. Y se convierte en humo acompañante de la angustia irrefrenable. Acompañante que se evapora y se confunde en el aire como un amante arrepentido. Querés uno.

 

Ventura.

Sí.

 

Andrea Sol.

Fumemos.

 

Ventura.

Toso. Me ahogo. Me desmayo.

 

Andrea Sol.

Vos fumás.

 

Ventura.

No. Me muero. Me muero de humo.

 

Andrea Sol.

Por qué aceptaste el cigarrillo.

 

Ventura.

Porque quiero acompañarte.

 

Andrea Sol.

Estúpida.

 

Ventura.

Apago el cigarrillo. Prefiero, con el alfiler que me dieron en la puerta, sacarme laboriosamente un ojo. Éste. Total, hay una deformación en la córnea. Ojo deshechable. Me lo saco por vos, Andrea. Soy tuerta. Para vos.

 

Andrea Sol.

Por qué, en lugar de hacerte daño, no buscás alguna alternativa.

 

Ventura.

LLORAR A LÁGRIMA VIVA.

 

Andrea Sol.

Masturbarte.

 

Ventura.

No puede una masturbarse pensando en el hombre a quien ama. MI MANO AHUYENTÓ SOLEDADES TOMANDO TU FORMA PRECISA. LA PIEL QUE TE HICE EN EL AIRE RECIBE UN TEMBLOR DE SEMILLA. Aunque la desborde el deseo.

 

Andrea Sol.

No puedo ayudarte. No me gustan las mujeres. Bailo debajo de tu ventana con un hombre desnudo. Te engaño. Te amo. Somos amigos. Estamos involucrados en un proyecto pero no puedo tocarte. Querés que te toque. Me excito. No sé bien. No tanto. Un poco. Se levanta lentamente, tímidamente, sinceramente, devotamente.

 

Ventura.

No amorosamente. Ni siquiera apasionadamente.

 

Andrea Sol.

Con el hombre desnudo bailo un vals bajo tu ventana. Creo que estás loca. Cómo podías imaginarme heterosexual.

Científicamente.

Te sigo la corriente. Quería algo de vos. Algo que aún no fue revelado pero lo será. Me asusté y no te lo revelo. Un vestido y mucho dinero no alcanzaban. El precio es demasiado alto. Ya no quiero lo que quería de vos. Es muy caro. No me hacés una rebaja.

 

Ventura.

CON SU AMOR POR BANDERA SE MARCHÓ, CANTANDO UNA CANCIÓN.

 

11

Ventura.

Me dijo Bienvenida apenas me vio. Y enseguida Podemos ir al grano. No era sólo por el empleo, cae de maduro. Y después Charlemos un rato. Me preguntó si vivo sola. Se salió un poco de sí cuando dijo que voy a bailar con orquesta. El doble sentido puede hacer que nos arrepintamos de haber abierto la boca. Lo comprendo. Lo hizo alguna vez Dicen que no es fácil. Como si yo fuera virgen. Qué rico. Le gusta que sea segura de mí misma. No encontraba ya la manera de hacerme entender cuánto lo había impresionado. Hizo un movimiento inverso. Era demasiado. Ya vamos a ver Todo a su tiempo. Y ahí nomás me propone que nos tuteemos. Una lucha interna terrible. Pobrecito. No tenemos ganas de trabajar Mucho Es un intercambio Olvidemos la danza por un momento. Fue demasiado. Necesitó defenderse, mi amor. No necesito que te desnudes No me interesa que te desnudes Para ver una mujer desnuda pago menos de lo que te voy a pagar y exijo mucho más de lo que sospecho que podés dar. Si supiera cuánto lo comprendo. Es demasiado para él. Y, claro, cómo no me iba a echar y a llamarme empleada y a decirme que se habla sólo de lo que él quiere hablar. Ya sé de lo que querés hablar. Pero no te animás. Y yo puedo esperar. Lograste ponerme nervioso. Hermoso. Y cuando bailamos, bailó Ardor y mi Afán de mujer carrusel. Y, claro, de inmediato sacó a relucir a Él. El miedo no lo deja. Enseguida llegó a Mi hermano. Ah. Después vuelve a decirme Ventura señorita y No te dejes engañar. Que bailo mal pero que voy a quedarme pero que no olvide que soy su empleada pero que tengo asignado un cuarto y soy la invitada de honor y nadie se atrevería a pedirme una tarjeta de invitación pero que soy vulgar y soy toda una pajuerana. La palabra pajuerana me resulta muy significante. Que lo que puedo suena mal. Lo que puedo. Mm. Que no me equivoque. Después, en todo caso, charlaremos. Que me gusta que sea cruel. Claro que me gusta. Y yo le devolví el En todo caso. Y él se dio cuenta. Y que su hermano no tiene lo que hay que tener para ser un hombre. Me desprestigia al hermano. Mi amor. Y lo máximo. Prostituite conmigo. Que me prostituya. Que me llamó para que baile pero un poquito. Y algo del hermano de nuevo. Que no sea tonta. Y que tiempo al tiempo. Que tiempo al tiempo. Y, por supuesto, tuvo que volver a defenderse. Me anuncia que vamos a sincerarnos y me suelta la pavada de la actriz y el actor. Y que no me trata. Se enoja porque acepto el cigarrillo y acto seguido me siento ahogada. Que busque alguna alternativa para no hacerme daño. Me cuida. Que me masturbe pensando en él. Y yo le aclaro que lo amo y que no puedo. Y me escucha con atención. Le pega fuerte esto. Me provoca con el hombre desnudo pero me ama pero no puede tocarme pero se excita. Dice No tanto, pero yo lo vi. Dice cosas que no escucho por la música que viene del salón. Pero concluye pidiéndome una rebaja. Una rebaja. Es demasiado para él. Ternura mía. Todo va bien. Puedo esperarte, Andrea, mi amor. Puedo esperarte.

 

12

Andrea Sol.

Ventura, necesito hablar con vos. Urgente.

 

Ventura.

Sí. Te escucho.

 

Andrea Sol.

Te beso, Ventura. Te quiero.

 

Ventura.

Te quiero.

 

Andrea Sol.

Ya.

 

Ventura.

Qué.

 

Andrea Sol.

Ya terminé. Pasaba mi hermano. Quería que me viera besarte.

Todavía no te cambiaste.

 

Ventura.

No. Te quie.

 

Andrea Sol.

Cambiate. Me voy.

 

Ventura.

A dónde.

 

Andrea Sol.

Qué te importa.

 

Ventura.

Vuelvo a tener los dos ojos. No entiendo qué pasa. Así, prefiero estar bien de la vista por lo menos.

 

DOS

 

13

Ventura.

La danza de la bailarina francesa Ingrid, invitada al castillo, y de los hermanos Fabricio y Humberto.

Entonces voy, decidida;
hacia allí estoy en camino,
y que los dioses ayuden
(si es que hay dioses, como estimo)
a esta pobre bailarina
(hasta ahora no lo he dicho)
que bailará sin saber
dónde quedó su albedrío.
Si no voy, será la duda
quien grite sin fin su himno,
día y noche, noche y día,
sin encontrar paliativo.
Si voy a la fiesta, sola,
dejando a un lado melindros,
quién sabe si volveré
o me morderá un vampiro.
Si está muerto o no está muerto
nadie lo da por sabido,
pero es seguro que está
de verdad desparecido.
Y aquí estoy, sin saber bien
si ir o no ir al Castillo,
puestas estas confusiones
en ese sobre leonino.
No ha de haber sido el mellizo,
porque él no es como el muerto,
peligroso y pervertido;
es también muy elegante,
pero amable, leal, sumiso,
y hasta me atrevo a decir,
sin que sea esto ofensivo,
que a mis ojos pareciera
hasta un poco femenino.
No acierto a saber quién fue.
Cómo hacer. Cómo enterarme
del verdadero motivo
por el cual algún sujeto
puso el nombre del occiso,
como firma, en el umbral
del papelito amarillo.
En la firma pude ver
que me invitaba Fabricio,
tan galante, tan hermoso,
tan inasible, tan frío,
aunque tan muerto también,
porque de modo preciso
pude enterarme hace un tiempo
que está desaparecido
y que nadie nunca supo
qué fue dél y de su sino.
"La pasión carcome el alma
de uno que es dél el mellizo,
cuál de los dos gozará
de tu talento pulido".
Pues en esa invitación
(ay no haberla nunca visto)
bajo la firma escribía
el firmante un acertijo:
Con alas de ciega ave
mi amor por el amor mismo
allí lo había llevado.
Sobre mí cayó un hechizo
de tamaña magnitud
que, exaltando mi lirismo,
hizo un agujero en mi pecho,
donde llevo el crucifijo,
que del corazón no pudo
escuchar ya ni un latido;
pues no estaba en su lugar;
estaba ya en El Castillo.
Un joven un poco esquivo
hasta mi casa llegó
con un sobre llamativo
que, elegante, contenía
un papelito amarillo
escrito con finas letras.
Fui invitada a El Castillo
aún no se bien por qué.

 

14

Andrea Luz.

Bienvenida a El Castillo, señorita.

 

Ventura.

No comprendo, señor.

 

Andrea Luz.

Le doy la bienvenida. Mi nombre es Andrea. El suyo.

 

Ventura.

Discúlpeme, pero creo haberle dicho ya mi nombre. Es más, me sugirió que nos tuteásemos.

 

Andrea Luz.

Mi hermano.

 

Ventura.

Perdón.

 

Andrea Luz.

Mi hermano gemelo. Andrea. Ya lo conoció.

 

Ventura.

Gemelos. Andrea. Está vivo.

 

Andrea Luz.

Lamento que haya sido él el primero.

 

Ventura.

Y llevan el mismo nombre.

 

Andrea Luz.

Así es. Caprichos, supongo. Andrea es considerado un nombre femenino, por su a final. Pero es nombre de varón. Nuestros padres alguna vez se rebelaron y. Bueno. Caprichos de juventud.

 

Ventura.

Su hermano me ordenó esperar. Pero no sé dónde. No encontré a nadie que pudiera identificar con un empleado.

 

Andrea Luz.

Los empleados llevan una tarjeta prendida en la solapa de su saco con su nombre, nuestro logo y nuestro nombre. El Castillo.

 

Ventura.

Gracias, señor. Entonces, si me permite.

 

Andrea Luz.

Espere aquí, por favor. Querría hablar algunas cosas con usted.

 

Ventura.

Como quiera. Mi nombre es Ventura.

 

Andrea Luz.

Bien. Hechas las presentaciones del caso podemos empezar a tutearnos y a llamarnos por nuestros nombres respectivos. Te parece bien.

 

Ventura.

Muy bien.

Sos amable. Pero sos bello.

Querría saber dónde me voy a cambiar.

 

Andrea Luz.

Todavía no lo sé.

Qué profesional.

Charlemos un rato.

 

Ventura.

La invitación dice que debo bailar en una fiesta.

 

Andrea Luz.

Sí, qué descortesía de mi parte. Una invitación que te intima a trabajar.

 

Ventura.

La enviaste vos.

 

Andrea Luz.

Sí, claro.

 

Ventura.

Creí que lo había hecho tu hermano.

 

Andrea Luz.

Eso te dijo.

 

Ventura.

No. Me pareció. Como la firma decía sólo Andrea y lo conocí primero a él.

Me pareció una extraña invitación. Pero, de cualquier manera, bailar no significa trabajo para mí.

 

Andrea Luz.

Por el esfuerzo o por el cobro.

 

Ventura.

Por las dos cosas.

 

Andrea Luz.

Hoy vas a cobrar. Mucho.

 

Ventura.

Sí. Gracias, señor.

 

Andrea Luz.

Señor no. Andrea. Y gracias tampoco. Es un intercambio.

 

Ventura.

Podría ver el espacio.

 

Andrea Luz.

Qué espacio.

 

Ventura.

Donde voy a bailar.

 

Andrea Luz.

Todavía no. Olvidemos la danza por un momento.

 

Ventura.

Como quieras.

 

Andrea Luz.

Lo que quiero es hablarte de mi proyecto para esta noche. No sólo quiero que bailes.

 

Ventura.

Yo no me desnudo.

 

Andrea Luz.

No. No es eso. Eso quizá podría pedírtelo mi hermano. Pero no yo.

 

Ventura.

Disculpame, es que estoy nerviosa y el misterio me pone.

 

Andrea Luz.

Está bien, no te disculpes.

 

Ventura.

Bueno. Para qué más.

 

Andrea Luz.

Es complicado. No sé si estoy preparado todavía para decírtelo.

 

Ventura.

Más grave que desnudarse.

 

Andrea Luz.

Tal vez.

 

Ventura.

Te escucho.

 

Andrea Luz.

No todavía. Disculpame. Pedile a algún empleado que te indique dónde, y esperá. Por favor.

 

Ventura.

Me cambio, entonces.

 

Andrea Luz.

No. No te cambies. Esperá un poco. Esperá que te haga llamar.

 

Ventura.

Está bien.

 

Andrea Luz.

Acordate. Llevan una tarjeta prendida en la solapa de su saco con su nombre, nuestro logo y nuestro nombre. El Castillo.

 

Ventura.

Lo recuerdo. Hasta luego, señor.

 

Andrea Luz.

Señor no. Andrea.

 

Ventura.

Andrea, sí. Hasta luego.

 

15

Andrea Luz.

Saliste beneficiada en el sorteo.

 

Ventura.

No sabía que hubiera un sorteo.

 

Andrea Luz.

Para eso te dieron el alfiler. Para que prendieras el número en tu ropa.

 

Ventura.

No me dieron número. Sólo alfiler.

Perdí el número.

 

Andrea Luz.

Ganaste. Me hace muy feliz.

 

Ventura.

No gané. Aún no se realiza el sorteo. Cuál es el premio.

Perdí el número.

 

Andrea Luz.

Te quedás en El Castillo como una gran dama durante una semana. "Yo tuve un sueño".

 

Ventura.

Gracias, Andrea. Pero debo volver a mi casa. Mis clases, mi madre.

 

Andrea Luz.

Madre. Tenés una madre.

 

Ventura.

Todos tenemos una madre.

 

Andrea Luz.

No es verdad. Algunos tenemos dos.

A propósito. Ya estás embarazada.

 

Ventura.

Cómo se te ocurre.

 

Andrea Luz.

Y qué está haciendo mi hermano.

 

Ventura.

No sé. No entiendo nada.

Creí que habías muerto.

 

Andrea Luz.

Aquí me ves. No te dejes engañar.

 

Ventura.

Qué tiene que ver tu hermano con mi. Embarazo.

 

Andrea Luz.

No con el tuyo precisamente.

Pero no estás embarazada.

 

Ventura.

No.

 

Andrea Luz.

Voy a buscarlo.

 

Ventura.

En la luz
de este vals
giro yo
prisionera
de amor.
Es el sol
de algún vals
el albur
de una historia
fugaz.
Es a él
con un vals
a quien yo
desearía
tomar.
O es a él
con el vals
a quien voy.
Confundida
estoy.
Y es así
este vals,
frenesí,
de una vida
fatal.
Con su voz
y algún vals
él ganó
de mi vida
el amor.
Soy feliz,
bailo el vals,
para mí
la fortuna
y el mar.
Elegir
en un vals
al viril
compañero
es puñal.
Y en mi ardor,
como un vals,
es mi sol
el que alumbra
su luz.

 

16

Andrea Luz.

Permiso, Ventura.

 

Ventura.

Sí, adelante. Ya estoy vestida.

 

Andrea Luz.

No pude asistir a su ensayo.

 

Ventura.

No nos tuteábamos.

 

Andrea Luz.

Perdoname. A tu ensayo.

 

Ventura.

No hay problema. Tu hermano me prohibió bailar en la fiesta. Le parezco un desastre.

 

Andrea Luz.

No lo creo.

 

Ventura.

Sí, te juro que me dijo cosas horribles.

 

Andrea Luz.

No creo que seas un desastre.

 

Ventura.

Gracias.

 

Andrea Luz.

Te ayudo con el postizo.

 

Ventura.

Por qué debo usar un postizo si tengo el pelo largo.

 

Andrea Luz.

Porque es lo último que viene para este año.

 

Ventura.

Y mi pelo.

 

Andrea Luz.

Entonces, si no vas bailar, te vas.

 

Ventura.

No. No. Tengo que quedarme para.

Tengo que quedarme para seguir tu plan.

 

Andrea Luz.

Yo querría que bailases, pero prefiero no enfrentarme a mi hermano. Te agradezco que te quedes. Debemos urdir una trama que no lo incite a desconfiar.

 

Ventura.

Creo que no hace falta. Me asignó este cuarto y este vestido. Me dijo que soy la invitada de honor.

 

Andrea Luz.

Muy bien. Estás haciendo muy bien tu trabajo.

 

Ventura.

Qué.

 

Andrea Luz.

No te debe haber resultado fácil lograr que mi hermano llegara a tanto.

 

Ventura.

Yo no hice nada.

 

Andrea Luz.

Algo habrás hecho.

 

Ventura.

Sí, es verdad. Algo.

 

Andrea Luz.

Algo muy bueno, sin duda.

 

Ventura.

Por qué se esconden uno del otro.

 

Andrea Luz.

Qué te hace pensar eso.

 

Ventura.

Me parece.

 

Andrea Luz.

Creo que ya podés saber algunas cosas. No tenemos muy buena relación.

 

Ventura.

Ah, claro.

 

Andrea Luz.

Ya te contaré en otro momento. Te quedás esta noche, no.

 

Ventura.

Sí. Finalmente sí. Tuve que suspender una clase que debía dar mañana temprano.

 

Andrea Luz.

Hiciste bien. Grandes cosas te depara El Castillo.

 

Ventura.

Cuáles, por ejemplo.

 

Andrea Luz.

Me refiero al dinero. Es mucho, no te parece.

 

Ventura.

Más de lo que pude imaginar recibir nunca.

 

Andrea Luz.

La suma acordada es diaria.

 

Ventura.

Diaria.

 

Andrea Luz.

Te conviene quedarte. Si es necesario, varios días.

 

Ventura.

Varios días.

 

Andrea Luz.

Creo que vale la pena.

 

Ventura.

Sí, claro, pero mis asuntos quedan un poco.

 

Andrea Luz.

Tus asuntos podrán esperar. El arancel es diario.

 

Ventura.

Necesitaría pensarlo.

Qué hay del embarazo.

 

Andrea Luz.

Ya sabrás. Me adelanté un poco.

Y así, vos sabrás, no funciona.

 

Ventura.

Prefiero irme, Andrea. Estoy empezando a sufrir con cierto exceso.

 

Andrea Luz.

Vas a quedarte. Es tu gran oportunidad de salir de la oscuridad.

 

Ventura.

Es una oportunidad. Veré.

 

17

Ventura.

Voy allá,
vengo acá,
yo no sé
para qué
vine aquí.
Para mí
lo esencial
es bailar.
Pero hoy
lo que soy
no podré
ni sabré
demostrar.
Ya será.
Andrea
y Andrea
me halagan
y asaltan.
Con torpes
estoques
seducen
mi empuje,
y bailo,
engaño.
Me cree
la plebe
de ricos
nacidos,
mas tontos
retontos.
La polca
dulzona
se viene
alegre.
Y yo voy,
yo quién soy,
al entrar,
espinar,
carcomer,
proponer,
engrillar,
fumigar,
un dos tres,
un dos tres.
Un dos tres,
un dos tres.

 

Andrea Luz.

Estuviste muy bien.

 

Ventura.

Gracias.

 

Andrea Luz.

Un poco cursi, quizá.

 

Ventura.

Los bailes de salón no son mi especialidad. No estoy acostumbrada a tanto lujo y tanto protocolo.

 

Andrea Luz.

Ya te vas a acostumbrar.

 

Ventura.

No lo creo. Soy bailarina.

 

Andrea Luz.

Podés ser una bailarina cara. Lujosa. Y protocolar. Por qué no.

 

Ventura.

No es compatible.

 

Andrea Luz.

Ingenuidades de la clase baja.

 

Ventura.

Podemos disentir, no.

 

Andrea Luz.

No es conveniente.

Qué hay de mi hermano.

 

Ventura.

Tu hermano sólo me maltrata.

 

Andrea Luz.

No le gustás.

 

Ventura.

Creo que sí. Tanto maltrato me hace sospechar.

 

Andrea Luz.

Y él te gusta.

 

Ventura.

Mucho, Andrea. Estoy un poco preocupada por eso.

 

Andrea Luz.

No entiendo. Deberías estar contenta.

 

Ventura.

Estoy trabajando.

 

Andrea Luz.

Y por qué no podrías enamorarte trabajando.

 

Ventura.

No hablé de enamorarme.

 

Andrea Luz.

Perdón. Fue una manera de.

 

Ventura.

Él es tan duro.

 

Andrea Luz.

A veces creo que por eso justamente tiene tanto éxito con las mujeres.

 

Ventura.

Eso creés.

 

Andrea Luz.

Por qué te gusta él y no yo, si no es así.

 

Ventura.

Vos sos tan amable.

 

Andrea Luz.

Gracias.

 

Ventura.

Parecés tan desgraciado.

 

Andrea Luz.

Vos también.

 

Ventura.

Leíste a Jean Anouilh.

 

Andrea Luz.

No. Hace tiempo que dejé de leer.

 

Ventura.

También es cursi. Pero esto que pasa me hizo recordar. No sé. Algo.

 

Andrea Luz.

Referencias.

 

Ventura.

Hay una película de Cronenberg.

 

Andrea Luz.

No sé.

 

Ventura.

Bueno, y Shakespeare, como todo el mundo sabe.

 

Andrea Luz.

Yo no.

 

Ventura.

Y otra de Greenaway.

 

Andrea Luz.

Ajá.

Ventura, al salón.

Te llaman.

 

Ventura.

A trabajar. Aunque, quién me contrató.

 

Andrea Luz.

Yo, pero Andrea es mi hermano. Tiene derecho.

Otra vez te llama.

Ventura.

 

Ventura.

Voy.

Vuelvo enseguida. Me gusta estar con vos.

 

Andrea Luz.

Está bien. Pero sólo unos momentos. Debés estar con él. Acordate.

 

Ventura.

Él dice que tengo que estar con vos.

Me acuerdo. Esperame.

 

18

Ventura.

QUE RESTE-T’IL DE NOS AMOURS
QUE RESTE-T’IL DE CES BEAUX JOURS
EL ZORZAL LA FUENTE Y LAS ESTRELLAS
PIERDEN PARA MÍ SU SEDUCCIÓN
PERO UNA LÁGRIMA SOLA Y SALADA
RESBALÓ SIN SABER NADA
TÚ NO SOSPECHAS CUANDO ME ESTÁS MIRANDO
LAS EMOCIONES QUE SE VAN DESATANDO
VOS SOS MALA ACTRIZ Y YO SOY MAL ACTOR
QUAND UN HOMME VIENS VERS MOI
JE VAIS TOUJOURS VERS LUI
JE VAIS VERS JE NE SAIS QUOI
JE MARCHE DANS LA NUIT
CUANDO SE ASOME LA SOMBRA
CERCA DEL PUNTO FINAL
CUANDO LA CUERDA SE ROMPA
DIME DÓNDE ESTARÁS
QUÉ MAL SUENA LO QUE PODÉS
LE ROI D’AQUITAINE
ME PRENDRA LA MAIN
TANT PIS POUR LA REINE
DEMAIN
CON ALAS DE CIEGA AVE
MI AMOR POR EL AMOR MISMO
ALLÍ LO HABÍA LLEVADO
SON COMO LÁGRIMAS SIN LLORAR
QUE EN MIS ADENTROS ALZAN UN MAR
SI EN LOS OJOS TE BESAN ESTA NOCHE VIAJERO
SI ESTREMECE LAS RAMAS UN DULCE SUSPIRAR
Y SIN EMBARGO LA ESPERANZA ME PERSIGUE, ME RONDA, ME MUERDE; COMO UN LOBO MORIBUNDO QUE APRETASE SUS DIENTES POR ÚLTIMA VEZ
EVERYTIME WE SAY GOODBYE
I DIE A LITTLE

 

19

Ventura.

No empieza la fiesta. Por qué.

 

Andrea Luz.

Empezó, Ventura.

 

Ventura.

Están todos. Pero no empieza. Nadie sirve. Nadie se sienta.

 

Andrea Luz.

No se sientan porque esperarían toda la noche de pie antes que sentarse junto o frente a un enemigo.

 

Ventura.

Y las tarjetas.

 

Andrea Luz.

No hay. Así me divierto. No se van a sentar en toda la noche.

 

Ventura.

Y yo cuándo bailo.

 

Andrea Luz.

Falta. Tranquila.

 

Ventura.

No querría irme muy tarde.

 

Andrea Luz.

No vas a poder irte.

 

Ventura.

Tengo que dar clase mañana temprano.

 

Andrea Luz.

Suspendela. Te va a convenir mucho económicamente.

 

Ventura.

Por qué hasta mañana.

 

Andrea Luz.

Hasta que sea necesario.

 

Ventura.

Qué tengo que hacer.

 

Andrea Luz.

Estar el mayor tiempo posible con mi hermano.

Aunque tu premio incluye una noche conmigo. A solas.

 

Ventura.

Para qué.

 

Andrea Luz.

No te precipites.

 

Ventura.

Por qué no puedo verlos nunca juntos.

 

Andrea Luz.

No desconfíes, Ventura. Haceme caso. Eso es muy feo.

 

Ventura.

Perdoname, pero.

 

Andrea Luz.

No te estamos engañando.

Estoy preocupado por Andrea. Sólo eso.

Avancemos lentamente. Poco a poco irás comprendiendo. Es muy complejo lo que pasa como para aspirar a descifrarlo en un momento.

Ahora vení conmigo.

 

Ventura.

A mi cuarto.

 

Andrea Luz.

Al de Andrea.

Al mío.

 

TRES

 

20

Andrea Luz.

Trajiste a Ventura para qué. No te basto yo. Sí te basto. Pero no me tocás. No podés comprender. Mi hermano. Mi hermano es un decir. Hermano es tantas cosas. Camarada. Mentira. Andrea, yo te amo. Nunca me dejaste acabar. Acabar de decirte lo que siento. Debería escribirte una carta quizá. Pero estamos los dos en El Castillo. Una carta en la mano. Sin correo. Qué ridículo. Andrea, sos la hombre que movió mi centro de lugar. Corrido de lugar. Ella también te la chupa. Todas se la chupan a mi hermano. Hermano es un decir. Qué tiene de especial. Nunca me dejaste que te la viera. Me la mostraste parada. Me dejaste que la intuyera parada a través de tu pantalón. Qué tiene de especial. Ventura te la chupa, hermano. Nuestro hijo en el estómago de la bailarina. Son idénticas, Andrea. Podés elegir y no podés elegir. Los cuerpos, los que la rondan, los que la albergan, no son los mismos. Aunque también sean idénticos. Hasta el olor. Hasta el alma que contiene. La tiene tan linda. Nunca la pude ver. No me dejaste más que a través del pantalón. Y No tanto me decías. Me hablás de la pija y me excito, pero no sos vos quien me excita. Es tu palabra. Tu palabra me la hace parar. Pero pude ver la mía. De grande ya. Pero pude verla. Y como sé que son iguales, qué linda es. Ventura te la está chupando. Estoy segura. Y nuestro hijo. No nacen los hijos por la boca. En la luz de este vals. No nacen los hijos.

 

Ventura.

Andrea, solo.

 

Andrea Luz.

Señorita Ventura, y el sorteo.

 

Ventura.

Aún no se realiza. Solo y triste.

 

Andrea Luz.

Sí, se realizó, Ventura. Los premios han sido adjudicados.

 

Ventura.

No se realizó, te digo. No desconfíes. Eso es muy feo.

 

Andrea Luz.

Permítame, voy a buscar a mi hermano. Algo está saliendo mal.

 

Ventura.

Quédese, por favor. Ahora mismo hay una joven muy ocupada entre las piernas de su hermano. Ahórrese ese mal momento.

 

Andrea Luz.

Podría interesarme ese joven, señorita.

 

Ventura.

No entre las piernas de su hermano. Soy ahora quien domina la intriga. Y me enteré de algunas cosas. No vaya.

 

Andrea Luz.

Qué puedo hacer entonces. Tirarme al lago.

 

Ventura.

No. Si usted tuviera que tirarse al lago, qué debería hacer yo. No. Volvamos al salón y bailemos. Divirtámonos. Distraigámonos un poco. Y después, mientras su hermana Andrea eyacula en la boca de esa joven, agotando su placer y el de él y el de él, nosotros iniciaremos el nuestro. Hubo aquí un severo punto de inflexión. Y voy a chupársela a usted, Andrea.

 

Andrea Luz.

Señorita, no se sienta obligada.

 

Ventura.

No nos tuteábamos.

 

Andrea Luz.

No.

No se sienta obligada.

 

Ventura.

Será un gran placer para mí, señor Andrea. Somos los dos tan desgraciadas.

 

21

Andrea Sol.

Andrea, deberías ser una mujer. Es verdad que me excité, no voy a negártelo. Te presentí espiándome a través de la puerta de mi dormitorio varias veces. Ahí estabas, agazapada, mirándome, desnuda, pero siempre cubrí mis genitales. Para qué mostrártelos, si son iguales a los tuyos. Las dos somos hombres. Y son iguales. Esa mujer me molesta. Baila mal. No entiende. Si fueras una mujer, Andrea, sería mucho más sencillo. Hermanados en el deseo inconcluso. Necesito salir un rato, sólo un rato, de El Castillo, para conocer alguna puta. No es ella una puta. No se desnuda. Vos te desnudarías. Pero no sos una puta. Sos un puta. Y no me sirve. Debería castrarte. Yo soy el malo y vos el bueno. Así es entre gemelos en un escenario. Maldito escenario. Maldito autor, que no puede liberarse del clisé. Me tocó el malo. Soy Judas. Y vos la Cristo. La Cristo no era tan buena. Dicen las malas lenguas mal informadas bien informadas bien advertidas del mundo gobernado por el dinero y por la venta de libros, que María Magdalena fue su amante. María Magdalena fue una mujer, Andrea. Le faltaba lo que te sobra. Por qué te sobra, maldita seas, Andrea. Te llaman Luz para diferenciarte, pero no lo nombrás. No lo nombrás por amor, lo sé. La luz es la luz. La luz es la no tiniebla. Y yo soy el Sol, el sol que destruye las células, que no calienta, que quema, que incendia, sol microondas, sol que segmenta y enferma, sol que calcina con su luz, con tu luz de mujer con falo, falo que penetra quemando, incinerando, cáncer de piel, autor que me ciñe a este lugar de mierda, al lugar del malo, al lugar del que quiere una hermana para romper sus labios con su luz nociva deseosa de rozar un clítoris que no existe. Es muy grande para clítoris, y es mi espejo. No embarazo a mi espejo y tampoco a un hombre. Hermano mío, te amo. Pero no me toques, porque podría matarte. Tus agujeros y mis falos no son complementarios. Mis agujeros están cerrados para tus falos.

 

Ventura.

Gané, Andrea, gané en el sorteo.

 

Andrea Sol.

Estás contento.

 

Ventura.

Estoy contenta. Aunque no sé cuál es en realidad el premio. "Yo tuve un sueño" no cierra. De cualquier manera me hubiese quedado en El Castillo. Ya no tengo donde ir. Ya no doy clases. Ya no tengo a la única madre. Ahora tengo sólo mi premio. Lo agradezco. Aunque no comprenda bien en qué consiste. Me halagaron los invitados. Me vieron. Dormí con tu hermano. Se lo dije a tu hermana, algunas cosas que no sabía al principio. Ahora soy yo quien lleva esto adelante, por eso los dejo hablar, pero no sabemos nada, o sabemos poco, del concurso, concurso de alfileres. Alfileres que penetran en la tela. Alfileres que no han sido indagados. Lacan no me sirve, te juro. Pero aunque no sepa, ni Lacan, yo gobierno desde ahora, me ha sido dado el cetro, me lo ha dado mi Dios, dios a secas, no el de la barba, no el de la Biblia, no Alá ni Jehová, ni mierda, me ha sido dado el control, y no tengo control, tu hermano Andrea vertió su semen sobre mi lengua, sobre mis muelas, una infección, o no, no se sabe, nada se sabe de esto, avisá me dicen por señas, conozco el lenguaje sordomudo, y me dicen avisá, te aviso que tu hermano Andrea derramó su precioso dulce salado almíbar que se dirigió directo y gozoso a mi estómago, necesito que llegue pronto a mis entrañas pero va a tardar, vos sabés la digestión, voy a sacarte la ropa, voy a ponerme en cuatro patas, nadie aún por adelante.

 

Andrea Sol.

De ninguna manera, señorita. Debemos dejarlo acá, aunque ha logrado excitarme, porque ya se fue.

 

Ventura.

Quién se fue.

 

Andrea Sol.

Andrea. Venía para acá, seguramente dispuesto a fijar su mirada usted ya sabe dónde, a decirme que quería estar cerca de mí sólo porque me quiere. Podía haber propiciado yo, una vez más, la escena de amor entre usted y yo. Digo yo más de lo que corresponde, porque digo nosotros, ya comprenderá. Me gusta que se ponga celosa.

 

Ventura.

No estoy celosa.

 

Andrea Sol.

Hablo de mi hermano.

 

Ventura.

Que se ponga celoso.

 

Andrea Sol.

Así es. Ya que como bailarina usted no le interesa a nadie.

 

Ventura.

No olvide que yo soy ahora quien comanda.

 

Andrea Sol.

Señorita, no me haga reír. Comanda quien toma las riendas cada vez. Usted se excita como una gata. Se desinhibe. Y se excita conmigo, no con él.

 

Ventura.

Avergonzada confieso: con los dos.

 

Andrea Sol.

Conmigo. Con él es en vano.

 

Ventura.

Con las dos.

 

Andrea Sol.

Deme un hijo. Embarácese con mis palabras. Ahora.

 

Ventura.

Las palabras no me embarazan. Le molesta que le mire la pija.

 

Andrea Sol.

No me molesta. Me gusta. Aunque mi pija no es para usted. Llore. Llore toda la noche.

 

Ventura.

Lloro. Pero voy a reclamar. A quien corresponda. No comprendo. Algo del premio. Comprendo creer. Mi premio consiste en las bondades de El Castillo. No en los dolores.

 

Andrea Sol.

Para que comprenda el premio. Éstas son las bondades. Es premio de alfiler.

 

Ventura.

Lloro todavía. Usted, Andrea Sol, despreciable.

 

Andrea Sol.

Eso es. Que la encuentre llorando. Trate de mantener su llanto, como una buena actriz, inténtelo, hasta encontrarse casualmente con ella. O mejor, búsquelo, y programe un encuentro casual usted mismo. Pero sin dejar de llorar, eh. Mientras tanto, me retiro a pensar, con quien está escribiendo, con el cretino responsable, cuáles pueden ser los más convincentes motivos de ese llanto.

 

Ventura.

Entonces, yo no le gusto.

 

Andrea Sol.

Señorita Ventura, no me obligue. Si le alcanza, voy a revelarle que le falta algo, algo que yo debería mutilar, e injertar labios y profundidad insospechada en su cuerpo imperfecto.

 

Ventura.

Soy una mujer.

 

Andrea Sol.

Es una criatura imperfecta. No ha sido mutilada.

 

Ventura.

Quiero mi premio. Exijo.

 

Andrea Sol.

Amo a mi hermano. Ése es su premio. Altruista. No está acostumbrada. Dónde está su pija.

 

Ventura.

No tengo, señor.

 

Andrea Sol.

Muy mal hecho. Qué cosa voy a cortar, entonces.

 

Ventura.

No corte. Entre.

 

Andrea Sol.

Por ahí. Por ese tajo inmundo. Está equivocada. Deme algo para mutilar. Y mi obelisco, que no conoció Gardel, entrará. Déjeme hacer el tajo. No me lo dé todo servido. No sea antigua. Bailemos. Ahora. Quiero que nos vea.

 

Ventura.

Me desnudo.

 

Andrea Sol.

Ahora se desnuda. Ahora no.

 

22

Andrea Sol.

Mejor así. Qué estaríamos haciendo en este momento si no fuese así.

 

Ventura.

Estaríamos haciendo una larga fila, entre gritos de guerra, para entrar en un cine.

 

Andrea Sol.

Mejor así. Así no muero.

 

23

Andrea Luz.

La orquesta debe dejar de tocar.

 

Ventura.

Puede saberse por qué.

 

Andrea Luz.

Estamos de duelo en El Castillo.

 

Ventura.

No me diga. Y quién tuvo el placer, si no es mucho preguntar.

 

Andrea Luz.

Es increíble. Todos.

 

Ventura.

Usted está un poco confundido. Comprendo. Nunca en su vida había visto una concha. Qué efecto le produjo.

 

Andrea Luz.

Créame. Todos. No es la concha. Después de bailar el último vals aquella noche con usted, mi hermano Andrea vino a mi cama y me la chupó, por primera vez. Acabé. Se quedó frío entre mis piernas. Sus últimas palabras fueron No era esto yo sabía que no era esto yo era tu amigo confundiste todo puto.

 

Ventura.

Qué grosero su hermano.

 

Andrea Luz.

No hay hermano. No hubo. Se fue. Se casó. Se casó con una militar. Podía haberme dado hijos. Pero eligió a la militar. Nunca supimos de él.

 

Ventura.

Firmaba Humberto. O Fabricio, ya no sé.

 

Andrea Luz.

Andrea. Un solo actor. O Humberto. O quien usted quiera. Se fue. Y aquí está Andrea. Un solo actor. Halagado por su camaradería. Desesperado por la ausencia de su semen.

 

Ventura.

No llore, no moleste, no me llame a las cuatro de la mañana. Ya les dije, al presente y al ausente, al activo y al pasivo, al de las mujeres y a al de los baños de estación, que estoy gobernando esta segunda parte, aún contra mi voluntad, y sabía antes de que me lo contara este triste suceso. Maricones de mierda. No me lo recuerde.

 

Andrea Luz.

Aquella joven, exhausto hace unas horas entre las piernas de mi hermano, se cortó las tetas, las puso en una bandeja, y con la bandeja en las manos como una ofrenda, se dejó desangrar recitando Lorca a los gritos por todo El Castillo. Hoy, a primera hora de la tarde.

 

Ventura.

Cuánto lo siento.

 

Andrea Luz.

Gracias, señorita. No somos nada.

 

Ventura.

Usted no será nada. Yo soy.

 

Andrea Luz.

Todos sonríen fingen ser felices murmullos amables la voz de un viejo actor se destaca la voz cascada y borrascosa que alguna vez fue bella desconocidos que se saludan con obsecuencia conocidos que no se saludan huele a conspiración yo soy Fabricio Andrea tapada aplastada invitada contra mi voluntad alta presión las manos tiemblan taquicardia la cabeza está por estallar alguien dice El guión me pareció retórico su voz la traiciona su voz dice No sé qué estoy diciendo y también dice su voz Debo creer en lo que estoy diciendo de cualquier manera cada vez más gente apenas se puede respirar todos mienten yo soy Ventura que no quiere estar acá yo soy Humberto con unas irrefrenables ganas de gritar qué habría sido de Ventura si no hubiera tomado el sedante antes de salir todos saben que saben más que los demás que sólo ellos y no los otros van a comprender lo que el bailarín baile y van a disfrutarlo o no y van a dictaminar si sirve o no y todos van a tener una sola opinión la del que opinó primero la del valiente qué podrá hacer Andrea para bailar en estas condiciones yo soy Humberto que no quiere bailar ahora aquí si apenas puede mantenerse en pie si apenas puede respirar si se le nublan los ojos el inmenso lugar ya resulta pequeño difícil esconderse a la entrada alguien a quien ella conoce pero no la saluda le entregó un número y un alfiler y además no le dijo nada no le dijo para qué el número y el alfiler pretenderán acaso que tengamos la posibilidad de una lucha alfiler a alfiler delicadas dagas o quizá un simulacro de suicidio para las Humbertos desesperadas desventuradas si es que hay más de una si es que hay otro además de ella yo soy Andrea Fabricio es una desconocida nadie le habla nadie la mira cuando él mira todos saben todo de todos todos comparten un secreto que ella desconoce yo soy Fabricio la desconocida pero no me voy algo algo poderoso aunque no del todo reconocido la retiene yo soy Andrea encarcelado los que hablan más alto que los demás los que reclaman atención los que quieren que Humberto se entere contra su arbitrio de que son superiores yo soy Ventura que los degollaría con sus uñas pero estoy muerta porque ellos creen que estoy muerto y extirpan mi cerebro para estudiarlo para enterarse de qué hay en el cerebro de una bailarina que no puede bailar porque está muerto.

 

Ventura.

Yo soy la invitada a El Castillo. Para bailar. Para bailar hasta el día de mi muerte. Voy a morir como una gran bailarina. Por segunda vez. Muerta en segundas nupcias. Pero voy a abandonar mi carrera. Estoy exhausta. Que sí que no que sí que no que sí que no. Mi conchita primaveral está muy sudada. Mis ovarios están inflamados de tanto dar vueltas. Me pesa el culo.

Baile usted, Andrea.

Baile que está preciosa.

 

Marcelo Bertuccio. Buenos Aires, enero 1998.